Coahuila
Hace 11 meses
Hubo un lugar en la ciudad, hasta cierto punto indecente y escandaloso, denominado “La Rinconada”, que comprendía de Padre Flores hacia el poniente, por las calles Narciso Mendoza y Damián Carmona, hasta topar con una pared que dividía a esta zona con la calle Xicoténcatl y hacia el norte colindaba con la ahora llamada calle Manuel Pérez Treviño.
Destacaban las cantinas, pero lo rescatable era el restaurant del señor Carrum, un simpático libanés, quien no sólo plantó el cedro traído desde su país en la Plaza Manuel Acuña, sino que sembró raíces en nuestra tierra que fructificaron en mujeres y hombres que llevan ese apellido como un blasón, que aunque tienen sangre del medio oriente, se consideran saltillenses.
Sí, la Plaza Acuña de Saltillo tiene un árbol de cedro del Líbano, donado por la comunidad libanesa a la ciudad y considerado un símbolo de la conexión entre ambos lugares. Este árbol se encuentra en el jardín de la plaza, junto al Mercado Juárez, y es el mismo cedro que muchos saltillenses hemos admirado por años.
Era común a principios y hasta mediados del siglo pasado ver cada fin de semana a los campesinos que bajaban de las rancherías en sus carretas, cargados con productos del campo que vendían en el comercio local. Regularmente degustaban de la gallina frita y los caldos de pollo y de res que ofrecía el sibarita libanés, que disfrutaba dando de comer a los campesinos y solía decir: “¡En La Rinconada, los campesinos empeñan hasta los bueyes para seguir tomando!”.
Los animales era los que estiraban las carretas en largas jornadas.
A unos cuantos pasos del Mercado Juárez se encontraba este pasaje comercial que el tiempo sí ha perdonado, pues, aunque en algunos aspectos si ha cambiado, las calles ya no son de terracería y por Narciso Mendoza y Damián Carmona se instalaron modernos comercios, una parte de la zona sigue su apariencia sin cambiar desde hace por lo menos 80 años, plena de tradición popular en el corazón histórico de Saltillo, donde hay fruterías, carnicerías, taquerías, expendido de buen café y anteriormente también encontrábamos alegres cantinas con sonora victrola.
Aunque la Administración del alcalde Enrique Martínez y Martínez (1978-1981), construyó locales, los yerberos que en ellos se instalaron, siguen utilizando toldos y carpas de lona, usan las banquetas para colocar sus tenderetes en de artilugios que dicen que son efectivos para obtener riqueza, cosechar amores, sanar enfermedades o conseguir empleo bien pagado.
En estos establecimientos, bajo carpas y cercanas al mercado, también venden veladoras en largos vasos en vidrio de diferentes colores con la imagen de algún santo que dependiendo del favor solicitado es el color de veladora y al venerable que se debe de encender.
Es el Pasaje Coahuila, en el mero corazón histórico de Saltillo, colindante con calles como Manuel Acuña, Xicoténcatl, Aldama, Allende y Pérez Treviño.
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