Este jueves Andrés Manuel anunciará las medidas que tomará la 4T para enfrentar la inminente fase 3 de la contingencia. Viene la etapa de propagación masiva y horizontal del coronavirus, lo más difícil y cabe anticipar que el Presidente evitará anunciar medidas, como el uso de la fuerza pública, para imponer el aislamiento. Eso le podría afectar en su popularidad.
Pero, sobre la visión del Presidente, las medidas restrictivas en los hechos y en la mayoría de los estados, han subido de rigor en las últimas semanas, y serán aún más severas, aunque López Obrador diga que todo queda en la decisión consciente y voluntaria de los ciudadanos para hacer caso a las recomendaciones y evitar que la emergencia nos rebase.
Gobernadores y alcaldes, de todos los signos ideológico-partidistas, saben que fuera de la burbuja del pueblo bueno y sabio, en el mundo real, se requieren medidas que rayan en el estado de excepción, como el toque de queda que impuso el Alcalde de Lamadrid, para obligar el distanciamiento social, o las medidas que impuso el Municipio de Monclova, que restringen al máximo la movilidad.
Saben que eso de que el país está preparado es solo retórica, saben que el sistema de salud está al borde del colapso y que no hay personal ni infraestructura para hacer frente a la propagación masiva. Por eso se adelantan con medidas para obligar el “quédate en casa”.
Aún así, siendo realistas y a estas alturas, ya con la fase 3 encima, todo queda en manos de los ciudadanos, en nuestra capacidad de entender la magnitud de lo que enfrentamos y lo vital, en términos de sobrevivencia, que resulta incluso prepararnos para el aislamiento forzado.
Sí, nunca antes tanto estuvo en manos de la población, en que todos acatemos las medidas de distanciamiento y de extremar cuidados personales.
Ni hablar, caímos en una trampa y hoy todo queda en la “decisión consciente y voluntaria de los ciudadanos” y eso, por las evidencias cotidianas, da francamente mucho miedo.
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