Coahuila

Publicado el miércoles, 15 de mayo del 2024 a las 04:05
Saltillo, Coah.- En resumen, la labor de Pablo Omar Ortiz de la Rosa, un joven de 32 años que, a pesar de no ser docente de profesión, las circunstancias lo llevaron al camino de la enseñanza: ser maestro no sólo consiste en alfabetizar e impartir conocimientos, también significa impulsar a otros y mostrarles que siempre hay algo más allá de las limitaciones.
Aprender a vivir diferente
Hace cuatro años, a causa de la diabetes, las retinas de sus ojos se desprendieron y Omar perdió la visión, fue ahí cuando comenzó una nueva etapa en la que tuvo que aprender a vivir de una forma diferente.
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Yo estudié técnico superior universitario en la carrera de Mecatrónica en la UTC de Ramos Arizpe, fue por 2013 cuando salí y de ahí vine a parar a lo que fue el área del Sistema de Bibliotecas del Estado”, explicó sobre sus primeros años como profesionista.

Nada funcionó
Antes de quedar ciego, Omar pasó por varios tratamientos, sesiones de láser, operaciones y medicamentos para tratar de revertir el daño que su enfermedad le causó a sus ojos, sin embargo, nada funcionó.
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Desafortunadamente, o afortunadamente, porque uno estando ya en esta situación, conoces y hasta tu corazón se emblandece más con las situaciones que conoces, compañeros, amigos, gente de la calle, o hasta niños más pequeños que uno con sus vivencias, y lo que pasan en su día a día, te hace saber que no estás en las peores condiciones, que hay cosas más complicadas”, manifestó sobre las situaciones que le ayudaron a cambiar de opinión y motivarlo a seguirse preparando.

A reaprender para enseñar…
Así, impulsado por su familia, ingresó a estudiar en la Escuela para Invidentes y Débiles Visuales de la asociación AMEVER para reaprender y valerse por sí mismo, pero jamás se imaginó que tiempo después también comenzaría a enseñar a otros el sistema braille.
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Cuando yo trabajaba todavía para la Librería Carlos Monsiváis, ya sabía que andaba algo mal de los ojos e iba de curioso y tocaba los libros en braille, no les hallaba sentido hasta que llegué a la asociación de Amever, te van diciendo cómo funciona, que se escribe de una manera y se lee de otra y tienes que memorizar nuevamente lo que es un abecedario diferente, con combinaciones de puntos, de letras y te tienes que adaptar a tus nuevas condiciones”, explicó.
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Soy hijo de un profesor muy bueno, desafortunadamente también falleció durante la pandemia, y el diario vivir con él fue muy padre, el cómo revisaba los exámenes, el cómo trabajaba él, cómo que te transmitía la importancia de enseñar, quien te pidiera ayuda o que te pidiera el compartir tus aprendizajes”.

Fomento a la inclusión
Siguiendo el ejemplo de su papá, Pablo Ortiz Serrano, quien fue por muchos años un docente reconocido del Cobac, y apoyado por su esposa Wendy Sifuentes, quien es maestra de preescolar, ahora Omar ayuda a otras personas que desean aprender a escribir y leer a través de las manos, como parte de un programa impulsado por la Biblioteca Central Venustiano Carranza que fomenta la inclusión.
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Me queda a mí una experiencia para mejorar, para seguir capacitándome, para seguir aprendiendo un poquito más de ellos y de cada una de las personas que rodean estas áreas”, afirmó el joven profesionista que cambió las máquinas por un punzón y una regleta con las que ahora enseña a otros.

Por la inclusión
El profesor Omar, como es conocido entre sus alumnos y los visitantes de la biblioteca, espera que también dentro de las escuelas públicas los maestros puedan darse el tiempo de aprender el sistema braille, y con ello ayudar a que niños y jóvenes invidentes puedan ser parte de las comunidades educativas y atenderlos con las herramientas y conocimientos que ellos también merecen.
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