Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el domingo, 14 de junio del 2026 a las 05:00
Saltillo, Coah.– Pequeñas escaleras incrustadas en banquetas, diminutas pirámides de concreto en rincones inesperados, estructuras que aparecen de pronto en el paisaje urbano y que durante años han provocado preguntas, teorías y hasta leyendas sobre duendes y brujería.
Detrás de esas intervenciones que han sorprendido a miles de saltillenses se encuentra Gerónimo Valdés Garza, mejor conocido como Jero.
Aunque muchos identifican sus obras, pocos conocen al creador que las coloca discretamente en distintos puntos de la ciudad. Su trabajo ha transformado espacios cotidianos en escenarios de reflexión, curiosidad y conversación, convirtiendo a Saltillo en una especie de galería al aire libre, donde cualquiera puede encontrarse con una pieza artística sin necesidad de entrar a un museo.
Inicios
La historia de Jero dentro del arte comenzó de una forma poco convencional. Estudió Comunicación y durante mucho tiempo ni siquiera se definió como artista.

“ Yo me consideraría más cocinero que artista”, comenta entre risas.
Sus primeros acercamientos creativos surgieron a través de talleres de poesía, particularmente de poesía concreta, una corriente donde la forma visual de las palabras tienen un papel fundamental. Aquellas inquietudes pronto comenzaron a trasladarse a otros lenguajes.
“ Entré a un taller de poesía como un cocinero poeta. Iba a hacer poesía con cebollas y salchichas y terminé haciendo arte urbano”, recuerda.
Experimenta con diversas técnicas
Con el paso del tiempo experimentó con grabado, escultura y diversas técnicas hasta encontrar una fórmula propia. Fue entonces cuando decidió combinar elementos del arte público con la escultura, desarrollando piezas tridimensionales que dialogaran directamente con la ciudad.
Una conversación con Saltillo
Desde hace más de una década, Jero ha utilizado materiales como concreto, piedra, varilla, vidrio y cemento para construir intervenciones que se integran al entorno urbano. La elección de estos elementos no es casual.
Su trabajo parte de principios cercanos al arte conceptual, donde el material utilizado también forma parte del mensaje. Si las ciudades modernas están construidas de concreto, acero y piedra, entonces esos mismos materiales sirven para reflexionar sobre la forma en que habitamos los espacios.
Las preguntas que comenzaron a aparecer en sus proyectos giraban alrededor de temas cotidianos: por qué vivimos en casas cada vez más pequeñas, por qué las ciudades privilegian al automóvil sobre el peatón o cómo se diseñan los espacios urbanos.
“ Muy pronto la reflexión se empezó a hacer sobre la ciudad, sobre cómo está formada la urbe”, explica.
De esa inquietud nacieron numerosas intervenciones. Algunas fueron esculturas permanentes; otras tuvieron un carácter más efímero o performático. En una ocasión incluso utilizó una cancha de basquetbol bajo un puente como parte de una acción artística.

Nacen leyendas
Para él, sacar las obras de los espacios tradicionales permite generar reacciones mucho más espontáneas. La gente no recibe explicaciones previas ni instrucciones sobre cómo interpretar lo que ve.
Precisamente eso ocurrió con las famosas escaleritas que aparecieron en distintos puntos de Saltillo.
Mientras su intención original estaba relacionada con conceptos de arquitectura, urbanismo y ocupación del espacio público, los ciudadanos comenzaron a construir sus propias explicaciones.
Algunos aseguraban que se trataba de altares para duendes. Otros las relacionaban con prácticas esotéricas o rituales misteriosos.
Lejos de molestarle, aquella apropiación colectiva terminó convirtiéndose en una parte fundamental de la obra.
“ Está chido porque eso es lo que pasa cuando no tienes todo calibrado y calculado. Las cosas se pueden ir por un lado o por otro”, señala.
Obras que dejan de pertenecer al artista
A diferencia de las piezas que permanecen protegidas en galerías o museos, las intervenciones urbanas tienen una vida impredecible.
Pueden deteriorarse, ser destruidas, modificadas o incluso desaparecer de un día para otro. Algunas personas se las llevan a casa. Otras las intervienen nuevamente.
Para Jero, lejos de representar una pérdida, esas transformaciones forman parte natural del proceso artístico.
“ Lo que pones en el espacio público deja de ser tuyo”, afirma.
Bajo esa lógica, las obras dejan de pertenecer exclusivamente al autor y pasan a integrarse a la experiencia colectiva de quienes las encuentran.

“ No importa si la escultura está ahí o está en el patio de un cuate”, comenta.
Esa filosofía ha permitido que muchas de sus piezas circulen en redes sociales como si fueran memes urbanos, compartidas por personas que desconocen quién las creó, pero que encuentran en ellas algo digno de fotografiar y comentar.
Saltillo como hogar y fuente de inspiración
Aunque nació fuera de la ciudad, Jero llegó a Saltillo alrededor de los 10 años. Desde entonces ha vivido en distintos lugares, pero siempre termina regresando.
“ Para mí es donde está el hogar, donde están mis amigos y donde está mi familia”, asegura.
Considera que la capital coahuilense posee una comunidad artística mucho más sólida de lo que muchos imaginan. A lo largo de los años ha colaborado con proyectos culturales, editoriales, audiovisuales y de promoción artística.
Del concreto a los árboles
Aunque es ampliamente conocido por sus intervenciones urbanas, su trabajo continúa evolucionando.
¿Qué pasa cuando el arte sale del museo?
Una de las preguntas que más ha acompañado la carrera de Jero es qué ocurre cuando una obra pierde el contexto que normalmente la identifica como arte.
En un museo, explica, el visitante llega preparado para observar piezas artísticas. Hay cédulas, iluminación especializada, recorridos y todo un aparato institucional que orienta la interpretación.
Pero en la calle sucede algo distinto.
“ ¿Qué pasa si te ponen una pieza de arte y no te dicen qué es? ¿Si nada más está ahí en el suelo o en un poste?”, plantea.
Escaleras de los duendes…
Lejos de abandonar las calles, Jero continúa moviéndose entre dos mundos: el del arte institucional y el de las intervenciones espontáneas que aparecen en banquetas, parques y rincones inesperados.
Y aunque muchos sigan llamándolas “las escaleras de los duendes”, para él representan algo más simple y más complejo a la vez: una invitación a mirar la ciudad con otros ojos.
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