Cuando John Ackerman entrevistó al doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de prevención y promoción de la salud del Gobierno de México, sobre la emergencia sanitaria del Covid-19, en su programa Diálogos por la democracia que se transmite en el canal de TV UNAM, una idea asaltó mi mente, colectividad sobre individualismo.
Hasta este día, nunca había visto ninguna conferencia, ninguna mañanera, ni nada de fondo de López-Gatell, solo los memes y toda la propaganda mediática sobre lo preparado y guapo que es, opiniones de personas a favor de su imagen, otras en contra de sus políticas sanitarias.
Además, sabía de forma indirecta, que el primer día que habló sobre el contagio en Monclova dio información equivocada, pero a primera hora del día siguiente había recapitulado admitiendo un error en los datos e informando lo correcto; también, había visto un video en YouTube, era una sátira estelarizada por Adolfo Hitler hablando del ahora súper star López-Gatell.
Por ese motivo, cuando me topé en la red con un link con la entrevista de Ackerman me llenó de curiosidad, lo seguí y me llevó a un diálogo extenso, en el que, por allá del minuto 30, hablaba el epidemiólogo de una visión anacrónica que está asociada con odio, xenofobia y discriminación, con una percepción visceral de que las fronteras deben ser cerradas.
Eso justamente pensé yo, cuando vi las imágenes de los automóviles bloqueando el puente internacional de Nogales, Chihuahua, cuando escuché comentarios sobre que, los americanos que viven en la ciudad de Eagle Pass, Texas, estaban cruzando a Piedras Negras, Coahuila, a acabarse la comida por que allá no había.
Esa era la misma sensación que me invadió el último día que estuve en Estados Unidos en un Walmart casi vacío por las compras de pánico y pensé, estamos solos contra el mundo, bueno, contra el coronavirus; otra vez retumbaban en mi mente, las palabras de alguien más, cierren la frontera porque ahí viene la contaminación, solo vienen a infectarnos.
Recuerdo que, algo en mi interior sabía que el odio y la división, no son la respuesta, sin embargo, mucho de esto tiene que ver también, con la ideología con la que Trump ganó la elección en Estados Unidos, ese nacionalismo extremo, transformado en un racismo amorfo, un monstruo que ahora amenaza con devorarnos en esta pandemia.
Alarmante escenario el que tenemos ahora, continuaba dialogando Gatell, explicaba que el mundo había cambiado su paradigma de salud pública global, cuando se publicó el Reglamento Sanitario Internacional en 2005, que hubo un giro de ciento ochenta grados respecto a la tradición centenaria, casi milenaria del manejo de las epidemias de enfermedades infecciosas, pues el paradigma clásico era, el que hoy dramáticamente estamos viviendo: Cierren, protéjanse cada quien como pueda.
Sin embargo, ya habíamos transitado hacia el cambio con una idea de solidaridad, de trabajo conjunto, contención en el punto de salida, pero, todo lo logrado en el 2005 se echó a perder con esa visión extremista y concluyó diciendo que la evidencia está a la vista, hoy casi todos los países del mundo tienen coronavirus.
Las ideologías regresan en un círculo vicioso, porque los humanos tenemos un ciclo de vida que no nos permite tener una memoria biológica, no heredamos la experiencia de nuestros ancestros, por lo tanto, nacemos, nos desarrollamos y morimos fatalmente, por eso, la población mundial se renueva cada cierto tiempo, en un borrón y cuenta nueva por así decirlo, por eso quien no conoce su historia, está destinado a cometer los mismos errores.
Esta respuesta visceral a la que se refiere Gatell, es lógicamente comprensible porque el ser humano responde a un instinto de supervivencia, lo que es una cuestión innata en la persona, esa reacción visceral es por instinto y se va a presentar en forma permanente porque es un código con el que nacemos; en cambio no nacemos con experiencia por eso pareciera que cometemos los mismos errores, aquellos con los que se combatían las pandemias en la edad media.
Por mi parte, considero que la concepción solidaria del doctor Gatell, bebería atenderse a la luz de la teoría económica del matemático John Forbes Nash, ganador del premio nobel de economía en 1994, por el análisis que realizó del equilibrio en la Teoría de juegos no cooperativos, quien a su vez complementó la tesis de Adam Smith, encumbrada en La Riqueza de las Naciones, obra representativa del liberalismo económico, en la que habla sobre el egoísmo y la cooperación, dice que el esfuerzo natural de cada individuo por mejorar su condición cuando se le permite actuar con libertad y seguridad, es un principio tan poderoso que por sí solo y sin ninguna ayuda podría lograr la riqueza y prosperidad de la sociedad.
Pero Nash dice, no debe ser beneficio individual, porque eso es egoísmo, se debe perseguir el beneficio particular que no dañe a la colectividad; lo que trasladado al ámbito de la pandemia, sería cuídate a ti para evitar un daño colectivo, compra solo lo que necesitas, acaparar perjudicará a alguien que realmente necesite eso que a ti te sobra en la alacena.
Continuará…
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