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Publicado el jueves, 9 de septiembre del 2021 a las 04:15
Saltillo.- La palabra corrupción en México es de uso diario: las personas de a pie la usan para referirse a lo que hacen los políticos que ostentan el poder. Los medios de comunicación la ponen en sus encabezados para mostrar lo que sucede tras las bambalinas de la política y Andrés Manuel López Obrador, el Presidente en turno, la utiliza para referirse al principal enemigo que tiene el país, según su concepción.
En fin, un teje y maneje y clase de este paisaje tan mexicano, mismo que Daniel Krauze intentó retratar en su novela Tenebra (Seix Barral, 2020).
El libro, definido por Krauze como “un thriller político” tuvo un proceso largo de creación, ya que representa el regreso de su autor a las librerías después de una década. Tiempo en el que se dedicó a la investigación y escritura de la trama.
Según señaló “en ese proceso hablé con funcionarios y exfuncionarios, políticos, gente retirada de la política, así como con periodistas y reporteros. Esto no fue tanto para entender el funcionamiento de la política en México, sino para obtener una vista panorámica de cómo funciona la corrupción en nuestro país”, comentó Krauze a Zócalo en entrevista.
Senderos que se unen
Tenebra relata la historia de dos personajes cuyos destinos, al parecer disímiles, los unirán en un solo camino. El primero de ellos es Julio Rangel, trabajador al servicio del senador Óscar Luna y quien busca demostrar su valor con el fin de seguir escalando la larga pirámide de la política nacional. El segundo es Martín Ferrer, un hombre obsesionado con el senador por motivos personales, en los que la humillación es el detonante para una venganza planeada. Creando así “personajes que parecen polos opuestos al principio pero que, al leer la novela, te das cuenta de que tienen más en común que lo que parecía en un principio”.
Si bien los personajes de la novela son políticos curtidos en el estira y afloja del oficio, tienen como trasfondo el de la impunidad. Para él México vive en un estado de tolerancia ante esos abusos, en los que el castigo se anuncia, pero nunca llega. Es “un país enfermo”.
“
Me interesaba la política como un vehículo que me permitiera hablar de los usos y abusos de la gente con dinero, pero también de cómo la sociedad no solamente tolera la corrupción, sino que incluso le rinde pleitesía a aquellos que son corruptos y quedan impunes. Porque vemos a la familia de los políticos que han sido corruptísimos en las portadas de sociales; o si se sienta al lado nuestro un político lo saludamos. Me parece que somos una sociedad muy peculiar en el sentido de que no sabemos qué nos debe agraviar”, comentó.
Sin castigo
Así, las prioridades de la nación parecen estar fuera de foco, ya que la sociedad de siente atacada por muchos temas pero no por otros. Por eso una de las escenas que escribió en Tenebra habla sobre esos hechos en los que los tratos sucios se cierran a plena luz del día: porque los que lo llevan a cabo saben que no habrá castigo.
“
Me llama la atención el hecho de que México es un país poco agraviado con algo como el crimen organizado. Porque es muy raro entrar a Twitter después de una de las matanzas atroces que comete el crimen organizado, todo el mundo diga ‘¡malditos, asesinos!’, es algo que yo leo muy poco. Siento que México es un país que está muy enfermo, pero no está bien diagnosticado de qué. “El país me deja esa sensación y creo que Tenebra deja ver ese mundo, retrata no solamente la impunidad con la que viven los corruptos, sino cómo lo trata la gente que sabe que es un corruptazo y delincuente, ¡eso es lo que me parece más interesante!, porque me parece que es muy mexicano”.
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