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Publicado el martes, 17 de agosto del 2021 a las 05:00
Madrid, España.- Richard Ovenden, director de la prestigiosa Biblioteca Bodleian de Oxford, que en su ensayo Quemar Libros repasa la destrucción del conocimiento durante 3 mil años, considera que los mayores retos a los que se enfrentan las bibliotecas son los de “la financiación y su lugar en la sociedad”.
Ovenden explica, en una entrevista con EFE, que “los desafíos tecnológicos no son los más importantes a los que se enfrentan las bibliotecas y los archivos, sino que sus retos son la financiación y el lugar que ocupen en la sociedad en su conjunto”.
Piensa que son necesarios “gobiernos que tomen conciencia de la importancia de estas instituciones para sus ciudadanos y para sus comunidades” y, por el bien de la democracia, espera que “financien y apoyen a través de leyes y reglamentos el trabajo que realizan las bibliotecas y los archivos”.
Precisamente, Ovenden decidió escribir Quemar Libros (Crítica) en 2018 al constatar que “las bibliotecas y los archivos eran ignorados por el discurso público, no tomados lo suficientemente en serio por las políticas públicas, especialmente en los campos de la democracia, los derechos humanos y la educación pública”.
La gota que colmó el vaso fue la decisión del gobierno conservador británico de endurecer en 2018 la ley de inmigración, que afectó a la “generación Windrush”.
Así, miles de personas que llegaron al Reino Unido entre 1948 y 1973, procedentes de países caribeños que participaron en la reconstrucción del país tras la II Guerra Mundial, fueron obligados a probar con documentos originales los años que habían vivido en Gran Bretaña y pasaron a ser inmigrantes ilegales tras décadas de residencia.
La decisión de Theresa May aún fue más controvertida y polémica cuando se reveló que “un archivo de pruebas documentales que hubiera ayudado a ‘la generación Windrush’ a defender su derecho a permanecer en el Reino Unido fue deliberadamente destruido por el mismo departamento gubernamental que instigó la política”.
“El caso Windrush –señala Ovenden– es un claro ejemplo de la necesidad de preservar los archivos, pero hay muchos otros casos recientes, como la destrucción de bibliotecas y archivos bosnios a cargo de las fuerzas serbias, reconocido como crimen de guerra, incluida la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina en Sarajevo en 1992”.
El ojo del Gran Hermano
Según Ovenden, libros, bibliotecas y archivos han sido siempre diana de los ataques de los gobiernos porque “son la expresión de ideas políticas, religiosas, sociales, científicas, que a veces personas poderosas quieren destruir, borrar o controlar” y, como dijo Orwell en 1984: “El pasado fue borrado, lo borrado olvidado y la mentira se convirtió en verdad”.
En la misma línea de Quemar Libros, su próxima obra tratará sobre bibliotecarios y archiveros, “héroes y heroínas anónimos que han dado forma al conocimiento en los últimos 2 mil años o más”, subraya Richard Ovenden.
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