Espectáculos

Publicado el lunes, 14 de marzo del 2011 a las 17:00
Monterrey, NL.- A estas piezas sólo les falta respirar, ya que retratan con suma fidelidad las diversas etapas de la vida del hombre. Las hay estremecedoramente frágiles por su diminuta escala o impactantes por su gran formato. Son, sin duda, fascinantes.
Esta fascinación la podrán experimentar el público en Marco al visitar las piezas de Ron Mueck, quien ha sorprendido desde los 90 con sus esculturas hiperrealistas de gran tamaño.
No todos, sin embargo, admiran al hiperrealismo, que se da tanto en pintura como en escultura y que nació a finales de los 60 en la Costa Este de Estados Unidos. Hay eruditos del mundo del arte contemporáneo que lo desdeñan.
Incluso, el artista mexicano Víctor Rodríguez, pintor hiperrealista, reconoce que también a él le han producido hastío.
“Al ver una pintura o escultura, has visto todas. Una vez que pasas de la sorpresa inicial, no hay nada más”, dice en entrevista electrónica desde Nueva York.
“Ver pinturas de fotos copiadas es la segunda cosa más aburrida de este mundo. La primera es hacer cuadros de fotos copiadas, por lo tanto, prefiero ver una pared en blanco”.
El artista describe la técnica original, no usada por él, que consistía en ampliar una fotografía sobre un lienzo en blanco para después pintar sobre él. En la escultura, siempre se han manejado materiales como el silicón o el látex para dar la idea de la piel.
Sin embargo, Rodríguez conoce el contexto que llevó a artistas como Duane Hanson o John de Andrea a trabajar así.
“Es justo lo que se propusieron originalmente, reaccionando a la emotividad y expresión de Rothkos, Pollocks, Motherwells y Rauschenbergs”, apunta.
Los cansó el expresionismo abstracto que dominaba el mundo del arte en Estados Unidos, en los 60, que dejó de lado la representación fidedigna dándole lugar a los sentimientos.
“El bebé de 5 metros de Ron Mueck es una reacción obvia a la generación anterior que, además, entiende cualquier persona: académicos, niños, abogados, quién sea, para bien o mal”.
Para que su obra sea siempre interesante, Rodríguez no copia la realidad tal cual, sino que le imprime detalles personales, modifica la técnica y le da un mensaje de rebeldía.
Por su parte Marco Granados, crítico de arte, señala que el lenguaje hiperrealista ha sido permanentemente cuestionado. Como la fotografía era el instrumento que daba origen al cuadro y ésta aún no se considera igual de prestigiosa que la pintura o la escultura, le restó importancia al hiperrealismo pictórico, practicado por Chuck Close y Richard Estes.
“Se terminó por definir que la parte del hiperrealismo en la pintura era más adecuado llamarla fotorrealismo para diferenciarla de la escultura, que sí se puede identificar como hiperrealista”, aclara el también curador.
Arte o no, Mueck sobrevivió al boom de sus contemporáneos y estará en Monterrey a partir del 18 de marzo para que cada uno lo juzgue con sus propios ojos.
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