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| Strout escribe sobre la vida interior de las personas comunes.

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Explora Elizabeth Strout los misterios de la vida cotidiana; publica su novela Ay, William

  Por Christian García

Publicado el jueves, 27 de enero del 2022 a las 04:30


Regresa la escritora a su personaje Lucy Barton, con quien recorrerá los caminos de la memoria

Saltillo, Coah.- “No conocemos a nadie, ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos, si acaso un poquito, poquísimo, pero todos somos misteriosas mitologías, todos somos misterios, eso quiero decir, puede que esto sea lo único en el mundo que sé que es cierto”, dice el personaje de Lucy Barton, creado por la escritora Elizabeth Strout, narradora ganadora del Premio Pulitzer gracias a sus profundas e íntimas historias.

Es ahí, en la cercanía, en el interior del hogar y en la mirada que recorre la memoria como si fuera una casa de amplias puertas, es donde se desarrolla Ay, William (Alfaguara, 2022), el libro con el que cierra la trilogía que inició en 2016 con Me Llamo Lucy Barton, siguió en 2017 con Todo es Posible y finaliza en esta exploración del misterio personal, pero también del otro.

Para la autora, esa neblina que envuelve a las personas no puede ser eliminada con la literatura, sin embargo, esta funciona como una lámpara que ilumina ese paisaje para hacer que el otro se sienta “menos solo”, y que también es para que sepan “que así es la vida, que todo está bien, y que todos estamos en el mismo barco”, como dijo ayer durante la presentación virtual de su novela en un acercamiento con los medios de América y España.

En esta novela, Lucy, una escritora de 60 años, se revela como la confidente de William, su exmarido con quien tiene dos hijas ahora adultas, y quien es acosado por terrores nocturnos, así como por la obsesión por develar un secreto que guardó su madre. Eso los unirá de nuevo en un viaje por la memoria que cambiará su presente.

 

Los hijos, su marca

Así, la novela va desgranándose poco a poco entre la ternura, la tristeza, el dolor y la alegría, lo cual delinea los personajes tan humanos que salen de la pluma de Strout y que han hecho que se compare con autores como John Cheever por el escritor y crítico argentino Rodrigo Fresán, y que sea elogiada por escritoras como la Premio Nobel Alice Munro.

Para la escritora, nacida en Maine, Portland, Estados Unidos en 1956, el interés por ver cómo sucede la vida cotidiana le viene desde joven, cuando observaba esas existencias “y el universo que les rodea. Siempre he tenido ese interés y siempre me he preguntado cómo es la vida de esas personas, cómo vive. Siempre he querido saber cómo es su vida interior, porque pienso que todos tenemos una vida interior”.

Y esa vida interior de cada uno se expande con la llegada de la familia y los amigos. Los caminos que la personalidad crea, se cruza, se une y amplía con la de los otros, especialmente cuando llegan los hijos.

Y si algo hace Strout en Ay, William es hablar sobre el peso de la familia en cada uno, en la genealogía y la paternidad. En las relaciones tensas, dolorosas y tiernas que esta deja como herencia.

Para ella “la paternidad tiene muchos secretos. Los padres y las madres se callan con respecto a determinadas cosas, más que mantenerlas en secreto. Que un niño conozca bien a sus padres es muy difícil, porque siempre los ven en un estado determinado y no tanto en la forma en que son de verdad, esto inhibe el grado en que podemos conocer a nuestros padres, pero no sé hasta qué punto los padres guardan secretos ante sus hijos”.

Y ese talento que Strout tiene por caminar por la vida de las personas y captar su profunidad íntima, es la que le ha valido premios como el Orange y su nominación al PEN / Faulkner por su novela Amy e Isabel, o el Pulitzer de No Ficción por Olive Kitteridge, que fue adaptada a una miniserie donde el personaje principal fue interpretado por Frances McDormand, ganadora del Oscar a Mejor Actriz por la cinta Nomadland.

Aún así, apunta que ese reconocimiento es algo que “nunca he terminado de creerme”, pues apunta que la libertad de su trabajo es lo que más valora, además de que sigue manteniendo la responsabilidad con sus lectores.

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