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Fe en Dios, fe en el Papa… y en Morena

Por Columnista Invitado

Hace 1 año

POR: AZUCENA URESTI

 

En México, la fe no se discute: se practica. Se reza, se canta, se presume. Más del 77% de los mexicanos se declara católico, lo que significa que más de 90 millones creen en Dios, 85% tiene su fe puesta en la Virgen de Guadalupe y –por estos días– en el papa Francisco, el Pontífice progresista que supo conquistar corazones en la tierra del tequila, los milagros y las peregrinaciones.

Pero hay otra devoción, más terrenal y no menos ferviente: la fe política. Porque si la Iglesia ofrece salvación eterna, Morena ofrece bienestar inmediato. Programas sociales, becas, pensiones, transferencias. En lugar de confesionario, hay módulos del Bienestar. Y si antes la esperanza venía de Roma, ahora llega cada mes… vía depósito bancario.

En las últimas elecciones presidenciales, más de 30 millones de mexicanos votaron por Morena, según la casa encuestadora Enkoll, 50% de la población en nuestro país se identifica con el partido en el poder.

No todos son militantes, claro, pero muchos lo viven con el mismo ímpetu que un fiel en misa de domingo. Hay quienes ya no ponen estampitas del Sagrado Corazón en la sala, sino banderas de “la cuarta transformación”.

El Papa predica desde el Vaticano; el expresidente y ahora la Presidenta, desde la “mañanera”. Uno habla de justicia social; los otros también.

El Gobierno ha convertido los programas sociales en una nueva forma de liturgia: se reparten con la solemnidad de la comunión y se reciben con la gratitud de quien ve en el Estado no sólo a un administrador, sino a un redentor.

Porque no es lo mismo un subsidio que una bendición, pero se parecen bastante cuando se necesitan.

Y así, entre misales y “mañaneras”, México navega entre dos altares: el de la fe religiosa, que aún resplandece con el carisma del papa Francisco, y el de la política, que promete transformar al país como si se tratara de convertir el agua en bienestar.

Después de todo, el mexicano no sólo cree: espera. En Dios, en el Papa… y en que el siguiente depósito caiga puntualmente.

 

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