Un año ha pasado y los recuerdos se vienen a la memoria. ¿Cuántos libros leímos en el año? ¿Cuántos museos visitamos? ¿Películas que valieron la pena? ¿Cuántas experiencias, buenas o malas, que se quedarán en el recuerdo? Y luego las preguntas más personales que cada quien, como si de un examen se tratase, comenzamos a hacernos.
Sea cual sea el balance que hayan tenido de este año, mi deseo es que el próximo les ofrezca cosas para recordar con placer y una sonrisa en el rostro, y que el crecimiento sea constante a lo largo del año que está por venir. Y claro, que la música los acompañe en los momentos de dicha y pena, que sea su alimento y su refugio, que sea bálsamo que sane y abrazo que perdure, que sea un paraíso y un oasis. Que la música los eleve y los haga experimentar sus días de mejor manera, porque ya saben, parafraseando al filósofo: A veces la música sustituye cualquier filosofía.
Y para no quedarnos sin escuchar música y dejar la cursilería de lado, aquí van algunas sugerencias musicales que pueden escuchar. Pero recuerden, no es música de fiesta, sino para escucharse en el recogimiento de la soledad o acaso de esa persona que comparta sus gustos musicales. Es música para irse, vaya.
Este año escuchamos a Gustav Mahler y como saben, lo sublime nunca debe de faltar. La quinta sinfonía del compositor sería una sugerencia esplendorosa para fugarnos, para dejar el mundo de lado por un instante y regresar renovados porque siempre hay que regresar.
Pero no siempre hemos de ponernos tan intensos y momentos, hay en los que buscamos aligerar el espíritu y es ahí donde Rossini nos ofrece sus oberturas tan brillantes, dinámicas y hasta divertidas. Pero si el momento nos pide algo íntimo, pero a la vez etéreo, este año Khatia Buniatishvili y su álbum Motherland llegó para quedarse. Un álbum que no tiene desperdicio alguno.
Aunque de pronto la vida nos exige emociones intensas, que nos sobrepasen y hasta nos dominen como una pasión. Ahí Richard Wagner tiene mucho para darnos y sus Wesendonk lieder nos colmarán, nos arrebatarán sin que podamos hacer algo por evitarlo. Pero no todo es siempre así. Momentos en los que nada de esto deseamos, sino simplemente la grandeza de lo eterno y ahí la música de Jan Dismas Zelenka o por supuesto el divino Bach tienen un lugar en el cual recostar nuestras cabezas. Es la maravilla de la polifonía, del contrapunto. Thomas Tallis es otro compositor que no debería olvidarse. ¿Recuerdan a Alma Deutscher? Esta joven compositora sigue otorgando al mundo obras musicales que refrescan.
Así que como pueden leer, y para terminar con esta columna sin ton ni son, pero com mucha música, las experiencias musicales son tan variadas como nuestros ánimos, por lo que siempre podemos tener algo que podamos escuchar y si el silencio es lo único que deseamos, ahí está John Cage y su 4’33’’. Yo por lo pronto me dispongo a escuchar el Cantique de Jean Racine, obra maravillosa de Gabriel Fauré. Que tengan un excelente Año Nuevo.
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