La única vez que se anunció el fin de un imperio fue en 1989-1990, cuando la Unión Soviética aceptaba estar en quiebra. Por décadas sumaron miles de malas decisiones, con un pésimo gobierno. Esa dictadura, primero, se distinguió por hacer todo mal en lo relacionado con la agricultura; nunca pudieron producir eficientemente sus alimentos. Luego, industrialmente, sus niveles de calidad eran deficientes.
Tras la Segunda Guerra, que tuvieron un desempeño aceptable gracias al capital, alimentos y armamento occidental, recibieron una inyección de científicos alemanes, algo que les permitió ser competitivos en la producción de armamento, pero siempre con el inconveniente de la cultura fascista socialista, algo que hacía pocos confiables sus productos, incluidos los armamentos.
Desde esa época, se hablaba de un posible fin del imperio yanqui. Los modelos de manipulación que décadas atrás fueron altamente efectivos (patriotismo, heroísmo, sensación de superioridad, sensación de bienestar) se fueron desvaneciendo. Una clase media crecientemente adicta a estupefacientes, valores familiares a la baja, actitud creciente contra el trabajo y las obligaciones, etc., hicieron que este sector de la población gaste más de lo que percibe y se apalanque con el crédito. Fenómeno que ha llevado a que, gradualmente, aumente el número de familias que pierden sus casas, ante la imposibilidad de cubrir los adeudos de los préstamos. Hay miles de familias acampando en lugares públicos, al haber perdido sus casas, mientras la danza macabra de los multimillonarios, que presumen cientos de miles de millones de dólares —conseguidos, muchas veces, por especulación, no por producción—, continúa.
Esa burbuja financiera va pareciéndose, aceleradamente, a las condiciones previas al evento que llevó al gran crack financiero que causó la Gran Depresión en Estados Unidos, en la que quienes sufrieron fueron familias con menos solidez financiera.
Si hubiera otra gran depresión en la Unión Americana, las cosas, probablemente, serían peores.
Como novedad, vemos al presidente hostigando e insultando a la cabeza de la Reserva Federal. Todos sabemos que, si la Reserva Federal lo desea, deja caer a Estados Unidos, creando un gran problema.
La población de Estados Unidos está sobrearmada. A nadie le gustaría imaginar la vida en ese país en una semana en la que no hay dinero (por ejemplo, un evento como el corralito que hicieron en Argentina, o algo parecido en países europeos). Miles de sujetos consiguiendo combustible, alimentos, etc., a punta de pistola.
Con toda la suma de condiciones actuales —como un presidente estadounidense convicto de varios delitos, con resistencia al respeto a las leyes, sospechoso de delitos sexuales, y hasta sumisión de otros sectores de esa otrora gran nación— no sería difícil considerar que todo esto se esté propiciando adrede.
Si las cosas sucedieran como pensamos, tendríamos menos oportunidades en México. Los chinos no necesitan mano de obra, no requieren de sirvientas, ni jardineros, ni albañiles, etc.
El idioma mandarín es complicado.
El chino desprecia al gringo, y al latino lo ve como mascota del gringo.
Y no creo que sea tiempo de pensar positivamente.
ATL del desierto
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