Arte
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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 11 de febrero del 2023 a las 04:03
Ciudad de México.- Diez años y más de mil páginas después de que las últimas movilizaciones en el ya desaparecido mundo de la minería del carbón impulsaran al Premio Nacional de Cómic Alfonso Zapico a contar en viñetas la historia de la Revolución del 34, la saga en que acabó convirtiéndose «La balada del Norte» llega a su fin con la publicación de su cuarto y definitivo tomo.
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No mereció la pena, pero seguramente era inevitable», reflexiona Zapico sobre la última revolución obrera de Europa protagonizada por unos trabajadores que, en muchos casos, ni siquiera tenían un gran poso ideológico ni estaban muy informados de acontecimientos como la llegada de Hitler al poder, pero vivían una situación sin horizontes «y se metieron en la historia por la vía más trágica y violenta».
En una entrevista con EFE, el autor asturiano (Blimea, 1981) incide en el «complejo» contexto de la década de los años treinta -«merece la pena profundizar y leer y no precocinarse ideas»- para unos mineros cuya vida era «la mera subsistencia, que no habían visto el mar, ni salido de su valle: que se dedicaban a trabajar en la mina hasta reventar y que sus hijos les dieran el relevo en la empresa».
Y en medio de ese conflicto Zapico sitúa a unos personajes atrapados por el vértigo de la historia, que fueron creciendo y cambiando a lo largo de los cuatro volúmenes de una obra que define como «un folletín clásico del XIX» o un «pequeño Episodio Nacional de Galdós, pero en viñetas».
El líder revolucionario a su pesar, Apolonio, -que ya advirtió al dar las llaves del polvorín de la mina a quienes aspiraban a conquistar los cielos que les daba también «las llaves del infierno»-; su hija, Isolina y su novio, Tristán, atraviesan el origen, el desarrollo y la represión que siguió a la revuelta hasta desembocar en un cuarto volumen que Zapico centra en resolver la «historia con minúscula» de cada uno de ellos dejando una puerta abierta a la esperanza.
Dejando atrás los entre 1.500 y 2.000 muertos que causó el Octubre del 34, los protagonistas caminan «hacia un desenlace digno, a la altura de lo que habían vivido», siempre desde la perspectiva de que su trabajo «no es el de un historiador» e intentando alejarse de las versiones de parte.
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En medio de ellas hay mucho espacio para una gama de colores muy rica. En las cuencas mineras -donde se crió Zapico- quedó la épica y yo me alejé de ella para tocar más el factor humano», afirma.
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