Un suceso histórico. Por primera vez en su historia, la Metropolitan Opera House presenta la obra de un compositor negro.
Una opera compuesta por Terence Blanchard, jazzista ganador de premios Grammy y cuya adaptación de las memorias de Charles M. Blow ha conmovido a su auditorio.Yo incluido.
El pasado primero de octubre la sala estaba llena. Dentro de la semana de estreno de la temporada, el Metropolitan comienza a recuperarse de un largo encierro debido a la pandemia. Muchos lo sufrieron más que otros, baste recordar la penosa situación de los músicos de la orquesta del Met.
Sin embargo, tras serias negociaciones, tanto músicos como la administración llegaron a un acuerdo y la temporada 2021-2022 comenzó con el pie derecho.
Todos los trabajadores, desde los que revisan que los asistentes cuenten con su certificado de vacuna y su carta de examen con resultado negativo, nos recibían con una sonrisa y un franco “bienvenidos” que resonaba como quien te recibe de nuevo en el hogar.
La emoción de subir las escaleras con su alfombra roja reluciente y admirar sus lámparas recién limpiadas; la excitante sensación de buscar nuestra butaca y percatarnos de que la vista era excelente; el auditorio en un murmullo de fiesta expectante de que la función comenzara; el foso con los músicos instalándose y leyendo algunos pasajes por aquí, por allá; todo era motivo de deleite.
De pronto, las míticas lámparas de la sala comenzaron a subirse mientras las luces iban menguando para dejar más claras las palabras proyectadas en la cortina: “Pero su Palabra estaba en mi corazón como fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, pero no pude.”
Yannick Nézet-Séguin entró en escena y el público irrumpió en aplausos.
Luego de percibir el silencio, su batuta inició el movimiento musical de una obertura llena de colorido. La ópera sería a lo largo de sus actos, un abanico de múltiples estilos musicales que iban desde la música formal académica, pasando por el jazz, el blues y sus baterías y guitarras melancólicas, el góspel y el hip-hop.
El resultado: un collage que en su conjunto funcionó de manera excepcional para otorgar fuerza dramática al libreto.
La noche, al final de la presentación, se la llevaron el barítono Will Livermann, la soprano Angel Blue y Latonia Moore, pero sin duda quien robó el corazón de todos con su voz y su ternura en medio de tan doloroso, pero esperanzador drama, fue Walter Russell III, de 12 años, quien interpretó al niño Livermann de apenas 7.
Fire Shut Up in My Bones es sin duda alguna, un hito en la historia, no solo de la ópera, sino de un país, de una raza y de una lucha que aún hoy tiene ecos dentro de la sociedad.
Notas Relacionadas
Hace 1 hora
Hace 2 horas
Hace 8 horas
Más sobre esta sección Más en Arte