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Formas de pago o compra

Por Federico Muller

Hace 5 años

Formas de pago o compraSin duda que las nuevas tecnologías están influyendo en la conducta del consumidor -por medidas gubernamentales de restricciones geográficas, de manera particular en los viajes fuera de casa a lugares cerrados-, que ha acelerado sus preferencias por las compras en línea o digitales. El comercio electrónico, por la comodidad que representa y la coyuntura económica y sanitaria en que estamos inmersos, se ha vuelto una de las formas preferidas de allegarse productos.

Una de las compañías que manejan la entrega de mercancías por catálogo, tan solo en Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga distribuye más de mil productos por día, cifra que refleja el crecimiento súbito de este mercado, que hace 10 años era irrelevante y desconocido para la mayoría de la población en la Región Sureste del estado.

Los números indican que cerca de la mitad de los consumidores latinoamericanos efectuaba compras vía internet en diciembre del año pasado (2020), según lo dio a conocer una de las compañías que administran los pagos digitales a escala mundial.

Las formas de pago también han evolucionado rápidamente: en un breve recorrido histórico, al monetizarse las economías y dejar el trueque en los anaqueles del recuerdo, las primeras operaciones comerciales se hacían a través de monedas y billetes, casi paralelamente aparecía el cheque, posteriormente el “dinero-plástico”.

En su inicio, el estado financiero de las tarjetas de crédito era revisado por las cajeras de los negocios manualmente, consultando la “lista negra” de los “plásticos” que habían excedido su límite de crédito o que presentaban retrasos en los pagos.

En aquel tiempo era tardada la espera, haciendo fila para revisar los estados de cuenta. Ahora, ese “anacrónico escrutinio” ha desaparecido: los sistemas computacionales han mejorado, y la morosidad o no del usuario se detecta casi inmediatamente en el punto de venta (terminal).

Lo interesante, al menos desde el punto de vista del joven consumidor (millennial), que tiene poco tiempo para hacer sus compras presenciales (mercado tradicional), es que están surgiendo modos de pago que abrevian trámites y facilitan la existencia en la era de la globalización.

Pagos sin contacto. Es un medio ideal para aquellas personas olvidadizas, pues al disponer de determinados artefactos de comunicación (teléfono, chat…), tarjetas, etcétera, le dicen adiós al célebre NIP, pues basta acercarlos a una terminal y la compra queda liquidada. Todavía no es muy común este método, que requiere de algunas adecuaciones en el artilugio preferido del cliente, pero pronto lo será.

Otras técnicas de autenticación quizá sean las más seguras y vayan a la vanguardia del resto de formas de compra o pago, todo dependerá de la confianza que inspiren en la sociedad consumista.

Se han probado, con éxito, por supuesto dentro de los métodos biométricos, la ocular (pupila), la dactilar, la de sonido (voz) y la identificación del rostro (facial), aunque la más “consumida” es la de los dedos de la mano, que por cierto ya la mayoría de los bancos la aplica en ventanilla, cuando el usuario va a realizar algún retiro monetario.

Como cada ser humano es irrepetible y original, las formas de extorsionar quedan marginadas, y los niveles de seguridad se ven incrementados. Parafraseando el adagio que se atribuye a N.

Tesla, lo contemporáneo es de ellos, el futuro es de los que vayan (países) punteros en el desarrollo tecnológico.

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