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Franz Schubert

Por Joel Almaguer

Hace 4 años

Bajo la sombra de un genio como Beethoven, Schubert escribió sus sinfonías, sus óperas, obras para piano y por supuesto sus lieder. En una vida de 31 años, Franz Schubert compuso más de 600 lieder. Una proeza que en vida pocos pudieron apreciar. Viena, la capital de la música no tenía oídos para un joven como él.

De carácter tímido y de genio inmenso, se refugiaba en su música y en sus amigos. Las famosas “schubertiadas” eran el lugar propicio para mostrar su música. Las “schubertiadas” son reuniones donde la música y la poesía se reúnen. Los músicos interpretaban sus obras y los poetas leían su poesía. El intercambio era pleno.

Gracias a estas reuniones íntimas en las que la sensualidad reinaba, Schubert, con textos de sus amigos poetas, compone y deja para la posteridad, quizás la mejor muestra de esta forma musical tan íntima.

La música y la poesía jamás estuvieron tan unidas como en el lied. El que texto sugiere el camino melódico, la respiración de las frases es perfecta, las palabras adecuadas con la entonación ideal, la tonalidad precisa para el sentimiento o la historia correcta. Música y poesía en total unidad.

Si bien la música en sí misma nos da una experiencia, es necesario leer el texto y conocer su significado para poder apreciar hasta qué punto Schubert logró la perfección en su obra vocal.

En toda la obra de Schubert podemos percibir algo más trágico, la tristeza. Pero una tristeza donde crecen bellas flores y donde las lágrimas hacen brotar la vida.

Franz Schubert no tuvo una vida plena a nivel personal, pero sí a nivel artístico. Gracias (¿o debiéramos decir a causa de?) a su vida interior es que pudo emerger su obra. Y él sabía que debía ser así, que no había ya otra manera de salvación para él que el arte. La muerte lo amenazaba, la enfermedad no era curable y sabía que su vida no mejoraría.

Soy un hombre miserablemente infeliz, le dice a un amigo íntimo. Pero su canto siguió hasta el último aliento. ¿Es el sufrimiento el único medio de creación, de percibir la realidad? Muchos filósofos han pensado en esto. Muchos compositores y artistas parecen responder de manera innegable a esta pregunta diciendo: Sí, es necesario el sufrimiento. Para pulir se necesita tallar, raspar, herir.

Mis maestros son mis caídas, dice alguien de quien no recuerdo el nombre. La semilla de Franz Schubert, de su espíritu romántico, fue este sufrimiento del que supo sacar frutos.

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