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Coahuila

Fuerza y voluntad

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

Al respecto de los ejes rectores que el gobernador Miguel Ángel Riquelme utiliza como vías principales para encauzar las labores de su Gobierno, me sentí muy identificado con dos términos o palabras que el propone como herramientas para poder lograr las metas concebidas, y me refiero a la fuerza y voluntad.

Se podrán tener grandes planes y excelentes proyectos, pero sin una férrea voluntad y una fortaleza integral no se puede lograr llevar a cabo nada grande, difícil o importante.

Debido a la lucha contra la adversidad que ha caracterizado mi vida, he tenido por necesidad que cultivar y hacer crecer en mi ser una fuerza interior perseverante y una fortaleza capaz de levantarme todas las ocasiones en las que he caído.

Respecto a que estas circunstancias personales son sumamente reiterativas, me han brindado inspiración para escribir una serie de poemas para poder transmitir mis pensamientos y sentimientos a este respecto.

Les comparto este poema que escribí después de que un toro me destrozara el codo en la plaza de Mazatlán, Sinaloa.

Yo tenía a los pocos días de este suceso un contrato para torear en la plaza México, y debido a los boicots que la mafia del medio taurino ejercía en mi contra, no podía dejar pasar la oportunidad de presentarme en la plaza más importante de nuestro país.

El médico traumatólogo que me examinó la fractura, dijo que tardaría en sanar alrededor de seis meses; cuando yo le expresé que para mí era de vital importancia poder volver a torear en 15 días, y le pregunté que de qué manera podría yo volver a flexionar mi brazo derecho para manejar el capote, muleta y espada, contestó en tono de broma que la única solución sería cortar la mitad del codo que estaba inservible y dejó de sonreír cuando yo seriamente le pedí que lo hiciera.

Él intentó convencerme de lo contrario, ya que esa amputación tendría secuelas en el funcionamiento del codo, al preguntarle cuáles serían estas, contestó que al no tener el codo esa parte de su anatomía, el brazo no tendría un tope que impidiera que se torciera hacia arriba y afuera, entonces pregunté si esa función se podría suplir con un aparato mecánico ortopédico y respondió que no existía, pero que se podría diseñar.

Fue entonces que cortésmente le pedí que cortara ese pedazo, le expliqué mis poderosas e impostergables razones, y lo convencí a que accediera.

Se llegó el día de la corrida en la México y yo salí con mi aparato ortopédico en el brazo, nadie creyó que yo podría torear bien con el brazo cercenado de esa manera, los toros salieron muy malos y no dieron juego, pero los taurinos expertos dictaminaron que yo era ya incapaz de torear, la única ocasión en toda mi carrera taurina que yo decidí que era necesario lidiar un toro de regalo, el juez lo negó con el pretexto de que yo no podría con él.

El caso es que ya nadie creía en mí, ni siquiera mi propio apoderado. Al martes siguiente, en dos días más, yo debería torear en Jalostitlán, Jalisco, y al llegar el lunes a esa población, noté como mi propio apoderado me trataba como si fuera un torero inútil, incapaz de volver a triunfar debido a mi lesión en el brazo, y la amputación sufrida, entonces le escribí este poema.

 

DUDAS DE MÍ

 

Dudas de mí,

y no te das cuenta,

que en mi franqueza está la fortaleza,

y en mi ignorancia la sapiencia.

 

Dudas de mí,

porque no tengo segura la batalla,

más si así fuera,

que honor guardaría el ganarla.

 

Dudas de mí,

porque hay cosas que desconozco,

más si lo supiera todo,

aun todo, sería muy poco.

 

Dudas de mí

porque navego el mar picado en barca de papel,

porque veo más allá de las estrellas,

porque entiendo el canto de los grillos

y nunca me fijo por dónde camino.

 

Dudas de mí

porque no soy como el sol,

al que ves todas las mañanas,

yo soy más bien como la luna,

que cuando quiere aparece

y se marcha cuando amanece.

 

Dudas de mí

porque es más fácil

creer en los hechos del ayer,

quién pudiera pensar

que el río su curso llegara a cambiar,

o quién espera ver,

la más alta montaña caer,

pues bien, yo te digo también,

que de todo habrás de dudar,

pero todo habrás de creer.

 

Dudas de mí

y crees en tu ingenuo parecer

que no tengo dirección,

que no sé a dónde ni por dónde voy,

¿qué sabes tú de mi camino?

¿quién te descubrió mi sino?

no te das cuenta que si no ves el mar,

menos verás el buque

en que lo habrás de navegar.

 

Dudas de mí,

pero tu pecado no es dudar de mí,

tu pecado es no creer

que un hombre solo

contra todo pueda arremeter, tu pecado es dudar de ti

y de la humanidad,

tu pecado es no creer que con voluntad y fortaleza

todo se puede lograr, por eso te digo amigo, que dudes, en volver a dudar.

 

Ese martes en la feria de Jalostotitlán, los toros salieron buenos y con mi brazo cercenado les corte cuatro orejas, siendo el triunfador del festejo. ¿Gracias a qué? A la fuerza interior y a la voluntad.

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