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Coahuila

Futuro incierto

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

No acabo de comprender el por qué a algunos gobernantes les motiva más la ambición y apuestan por la destrucción.  Empiezan invadiendo territorios, tal y como lo hizo Rusia con Ucrania, desatando el caos en un país cuyos habitantes han mostrado mucha fuerza y valor para resistir los ataques.

A través de los medios fuimos testigos del éxodo -que parecería interminable- de ciudadanos ucranianos en especial mujeres y niños tratando de ponerse a salvo de las balas asesinas.

En una guerra ¿quién es realmente el enemigo? Las partes involucradas lo son por circunstancias que se fueron dando en un conflicto al que no se le dio solución.  ¿Por qué llegar a la agresión? ¿Se justifica matar sin contemplaciones?

En una guerra ¿quién gana? Nadie.  Aunque se alcen los brazos en señal de victoria, en realidad, nadie puede ufanarse ni sentirse satisfecho si el triunfo aparente, va acompañado de un derramamiento de sangre.

Sangre inocente cuando se trata de una población vulnerable; de ciudadanos que aspiran a vivir en paz, en su mayoría ajenos a las confrontaciones de quienes gobiernan. La destrucción de edificios habitacionales; de oficinas, de hospitales, escuelas, en fin de todo lo que con esfuerzo y dinero de los contribuyentes se ha construido, resulta absurdo
e inaceptable.

¿Cuánto tardará un país en poner fin al conflicto bélico?  Ni idea se tiene, porque un pedazo de territorio llega a significar mucho para las partes en conflicto.  Nadie quiere ceder y en ese tiempo, las pérdidas de vidas se incrementan.

Lo más doloroso es el derramamiento de sangre; las imágenes que conservarán los niños de hoy, hombres del mañana.  Triste observar a esos pequeños despedirse del padre y enfilar en brazos de su madre a un lugar seguro.

Un futuro incierto para los niños sobrevivientes de una guerra. Sin embargo, ese futuro sin duda alcanzará a todos de alguna manera.

Tal vez se crea que, al estar lejos, muy lejos de las zonas en conflicto se está a salvo.  Desafortunadamente no es así. 

De alguna manera todos estamos en riesgo.  Las grandes potencias, siempre en conflicto, no han aprendido que es con respeto como vamos a sobrevivir.  Por el contrario, en la lucha por el poder acumulan armamento sofisticado para intimidar a otras naciones.

¿Habrá futuro para las nuevas generaciones? ¿Para esos pequeños que junto a sus padres o quizás únicamente con su madre van en busca de nuevos horizontes, huyendo de los horrores de la guerra? 

Las imágenes que dejan atrás jamás podrán borrarlas de su mente.

Quizás la de un hombre agitando su mano en señal de despedida.  Es el padre que se queda para luchar por su país.  ¿Volverán a reencontrarse? Tal vez.  ¿Dónde? ¿Cuándo? Solo Dios lo sabe.

Verdaderamente conmovedoras son aquellas imágenes donde vemos a pequeños llevando consigo un peluche, un juguete que le hará compañía y que quizás conservarán por el resto de su vida como recuerdo de aquel episodio cruel que les tocó vivir.

Si dirigimos la mirada a países donde la pobreza azota con crueldad, sus habitantes viven su propia guerra.  La violencia azota las ciudades y se impone la ley del más fuerte.  Guerra entre pandillas, bandas criminales que pisotean leyes, compran autoridades, se adueñan de pueblos.

¿Quiénes son los más perjudicados? ¡Por supuesto que los niños!

En muchos casos, a muy temprana edad dejan sus juegos infantiles o de adolescencia, para ser reclutados por el crimen.  Y no hay peor crimen que destruir los sueños de una niñez que empieza a vivir.

En nuestro país, duele ver cómo los pequeños en su centro de estudio, el maestro les va indicando qué hacer en caso de escuchar disparos.  Todos al suelo, asustados, aterrados, verdaderas escenas donde casi se escucha el latir acelerado del corazón de los niños.

“Vamos bien” dicen en las mañaneras.  La inseguridad va a la baja. ¡Qué cinismo! ¿Cómo se puede hacer tal afirmación si se observa cómo está el país?

Lo más preocupante es el futuro incierto para nuestra niñez, la que está sufriendo los estragos, ya sea de guerras, de hambrunas, de violencia, de indiferencia, que también causa un grave daño y no hay vuelta atrás.

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