Originalmente, Alberto Do Canto y Diez Viera, fundador y primer alcalde de Saltillo, viajó de Durango, donde tenía su sede el gobernador de la Nueva Vizcaya, hasta las minas de San Gregorio, ahora Cerralvo, uno de los 51 municipios con que cuenta Nuevo León.
En su ir y venir decidió fundar Saltillo, punto intermedio en el camino natural que comunicaba tanto a Durango como a Zacatecas.
Un lugar serviría de descanso y centro de aprovisionamiento. De acuerdo con ello, Martín López de Ibarra, gobernador de la Nueva Vizcaya, autorizó la creación del poblado en 1577 (dato oficial para la celebración de los 400 años de la ciudad en 1977).
La leyenda cuenta que el interés principal que despertó en Do Canto para establecer la ciudad fue el ojito de agua que sigue brotando bajo los pies del Cristo de la iglesia del mismo nombre, al sur de Saltillo.
Los primeros pobladores portugueses y españoles de soldados y colonizadores se dedicaron a la agricultura y la ganadería.
Existen varias versiones y fechas sobre la fundación de la ciudad, pues lamentablemente un voraz incendio, por un criminal descuido, acabó con lo que primero se llamó la Casa Municipal del Saltillo, posteriormente sería el Palacio de Gobierno.
Después de la guerra de Independencia, el lugar almacenaba pólvora que había sido utilizada por la división comandada por Juan José de la Garza.
El 8 de noviembre de 1856 se inicia un incendio en el edificio causando grandes daños. Miles de documentos se perdieron por la conflagración, entre ellos los libros que contenían las actas del cabildo y la de la fundación.
El edificio gubernamental se construyó en 1808, pero los terrenos datan de 1610, espacio destinado a las casas reales.
El estallido tomó por sorpresa a todos dentro del edificio. Todo quedó convertido en cenizas y la crónica de aquel tiempo indica que hubo varios muertos, sin embargo, no hay una cuantificación.
El edificio fue por algún tiempo cárcel y hospedaje. Algunos insurgentes que huían del gobierno virreinal rumbo al norte se quedaron algunas semanas a vivir ahí, entre ellos se menciona a Ignacio Allende, porque Miguel Hidalgo ocupó una casa en la esquina de Hidalgo y Aldama.
En 1875 se terminó de construir el actual edificio, que tuvo dos o tres remodelaciones, la más reciente en el gobierno de Óscar Flores Tapia. Por un largo tiempo el Palacio de Gobierno albergó a los tres poderes del Estado: el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial. Y también fue recinto de la “policía Secreta” (la perjudicial).
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