El que ve la tempestad y no se hinca es José Elías Ganem Guerrero. En los pasillos del SIMAS Torreón comentan que el exsecretario del Ayuntamiento reclama el pago de al menos 300 millones de pesos por supuesta proveeduría registrada a través de empresas vinculadas con su nombre, las cuales, precisamente, se encuentran bajo revisión.
O quien fue el consentido del fallecido Román Alberto Cepeda González tiene los arrestos suficientes para hacer semejante reclamo, o de plano el cinismo ya le ganó.
No controla nada
La directora de Tránsito y Vialidad de Torreón, Martha Alicia Faz Dávila, aparece cada vez más rebasada por la corporación que encabeza. Basta recorrer las principales vialidades de la ciudad, especialmente por las noches, para encontrar agentes en motocicletas y patrullas —muchas de ellas recién incorporadas al parque vehicular— que actúan con total autonomía y, según las constantes quejas ciudadanas, sin mayor supervisión. Literalmente, no le hacen caso.
Los vicios siguen
La expectativa era que la llegada de la funcionaria, hace poco más de un año, corrigiera los vicios que arrastraba la dependencia, pero la percepción entre los automovilistas es que poco o nada cambió. Persisten los señalamientos por detenciones arbitrarias, criterios discrecionales para aplicar sanciones y una actuación que refleja más descontrol o afán recaudatorio que disciplina. Simplemente, el mando no se nota.
El confiado
El que siente que ya la libró con la nueva administración municipal de Torreón es Pablo Fernández Llamas, todavía director de Inspección y Verificación.
Según el funcionario, el hecho de que hace unos días le hayan asignado una gira de medios para hablar sobre las actividades de la dependencia es motivo suficiente para suponer que permanecerá en el cargo. Lo que el pobre no sabe es que la lupa todavía no llega a la dirección que encabeza, pero cuando eso ocurra la situación podría cambiar de manera radical.
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