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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 22 de noviembre del 2025 a las 01:28
Ciudad de México.- Por primera vez en casi nueve décadas, el rostro de Federico García Lorca vuelve a aparecer en movimiento. El cineasta malagueño Manuel Menchón localizó y restauró breves cintas filmadas en 1932, donde el poeta viaja junto a la compañía teatral La Barraca, mostrando una versión espontánea y llena de energía del autor granadino.
El material —solo unos segundos— retrata a Lorca riendo, saludando desde una ventanilla y moviéndose con la vitalidad que lo acompañaba sobre los escenarios. Hasta ahora apenas se conocían dos registros audiovisuales del escritor: una filmación en Buenos Aires (1933) y otra en Montevideo (1934).
Las nuevas imágenes fueron encontradas en una lata metálica identificada con las iniciales “F.G.L.”, conservada en el archivo privado de la familia Menéndez-Pidal. Menchón calificó el hallazgo como un acontecimiento “histórico y emocional”, destacando que muestra al Lorca que describían sus amigos, aquel que la represión franquista intentó borrar.
El descubrimiento forma parte de la investigación para La voz quebrada, el próximo documental de Menchón que se estrenará en 2026. El archivo Menéndez-Pidal conserva más de 1,500 rollos de nitrato grabados entre 1915 y 1970, incluido material de Uruguay que podría arrojar información sobre la relación entre Lorca y el cineasta Enrique Amorim.
Para el director, estas piezas representan “prueba de vida” y, al mismo tiempo, “prueba de muerte”, al recordar que solo cuatro años después de esas imágenes, el poeta sería asesinado.
Lorca fue detenido en Granada el 16 de agosto de 1936, semanas después del golpe militar que originó la Guerra Civil Española. Tras ser sacado de la casa de la familia Rosales, fue trasladado a Víznar, donde lo ejecutaron junto con Dióscoro Galindo y los anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Testimonios de los propios participantes en la ejecución lo señalaron como objetivo por ser “rojo y homosexual”. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común cuya ubicación exacta sigue sin confirmarse pese a repetidas excavaciones.
El franquismo impuso un silencio total: prohibió su obra, destruyó fotografías y eliminó documentos personales. Por ello, las imágenes recuperadas adquieren un valor excepcional, al devolver al presente el gesto, la mirada y la libertad del poeta que el régimen intentó hacer desaparecer dos veces: con la violencia y con el olvido.
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