A través del tiempo los pueblos van desarrollando ciertas prácticas ya sean individuales, familiares o comunitarias, que luego se convierten en costumbres o también llamadas tradiciones; algunas de ellas luego se van perdiendo, otras no solamente se conservan, sino que se fortalecen.
Estas tradiciones llegan a ser tan diferentes y extrañas según se trate de cada lugar y en cada etapa de la historia de la tierra, por ejemplo, en algunos pueblos de China es común ver que los padres les ponen vendas en los pies a sus hijas para evitar que les crezcan, porque en su cultura se considera que los pies pequeños son símbolo de belleza, sin embargo, para las niñas es causa de mucho dolor durante la infancia.
Otro ejemplo de tradiciones extrañas lo encontramos en la tribu Yanomami, que se ubica en las regiones de Brasil y Venezuela, principalmente, ahí las personas tienen la costumbre de comerse las cenizas de los muertos y lo hacen porque creen que hacer eso salvará el alma de la persona fallecida y la consideran como una acción de honra a la persona muerta y todos los familiares deben participar comiendo una parte de las cenizas.
Como un tercer ejemplo podemos citar que, en algunas regiones de Indonesia y Filipinas, al morir las personas son colocadas en ataúdes que suelen colgarse en cuevas, desde paredes muy altas, porque los familiares creen que de esa manera las bestias no llegarán a los cadáveres y para ellos esa es una manera de bendecir el alma del familiar fallecido.
En México, en el tema de los muertos la tradición enseña que el día 2 de noviembre los muertos regresan a la tierra y tienen la oportunidad de volver a tener relación con los vivos; a partir de esa creencia, los familiares de la persona muerta se preparan para recibir la visita, incluso, en muchas de las ocasiones las autoridades municipales, estatales y federales participan no solo motivando e impulsando estas acciones sino hasta financiando con recursos públicos las prácticas de veneración y culto a los muertos. La pregunta es: ¿y a la luz de la Palabra de Dios, es esta tradición una práctica correcta? En realidad, la Biblia contiene muchas referencias para explicar cuál es el estado de una persona que ha muerto, por citar solo algunos pasajes podemos encontrar lo que enseña el Libro de Eclesiastés, capítulo 5, versículos del 4 al 6, que a la letra enseñan: “Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”. Primer punto, los muertos nada saben, significa que no existe ninguna posibilidad de conciencia, de memoria, de pensamientos, de razonamientos, ni de comunicación con un muerto. No es un ángel que nos cuida desde el cielo, no es quien nos da fuerzas para seguir adelante, no es quien intercede por nosotros delante de Dios; todas estas son afirmaciones tal vez suenan románticas o esperanzadoras, pero son falsas a la luz de las Escrituras. Segundo punto, los muertos no tienen memoria, significa que debido al estado inconsciente del muerto nunca más tendrá manera de acordarse de nosotros, en esa persona ya no hay recuerdos, no hay historias que pueda recordar el muerto sobre nosotros; tercer punto, todos los sentimientos del muerto vividos durante su existencia en la tierra ya dejaron de existir, su amor por nosotros, su odio, su resentimiento, su envidia murieron también junto con ella, por eso no podemos pedir perdón a un muerto ni el muerto nos puede obsequiar ningún tipo de perdón. Cuarto punto, el muerto nunca más podrá tener algo que ver con lo que nos sucede a las personas que estamos vivas; dicho de otra manera, ningún muerto puede abogar por nosotros, haya sido familiar o no, haya sido una buena persona o no, incluso aunque las organizaciones religiosas les hayan concedido algún título de “nobleza religiosa” como santos, santas o vírgenes, porque el muerto dormido está.
Ahora bien, para poder reafirmar que este principio es verdadero, podemos recurrir a las palabras dadas por el propio señor Jesucristo en el Evangelio de San Juan, capítulo 11, versículos del 1 al 44, que narran el momento en que el Señor Jesús es informado sobre un hombre muy enfermo llamado Lázaro, hermano de María (la mujer que ungió los pies de Jesús con perfume) y de Marta; al saber Jesús que Lázaro estaba muy enfermo dijo: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. La historia continua narrando que Jesús se quedó dos días más en donde estaba antes de ir a ver a Lázaro, y luego les dijo a sus discípulos que iría a verlo, que ya dormía, para ir a despertarlo Dijeron entonces sus discípulos: “Señor, si duerme, sanará”, pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro y ellos pensaron que hablaba de dormir, es decir acerca de la acción de reposar del sueño; entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.
Aquí el Señor Jesucristo claramente nos enseña que el estado de una persona muerta es similar al de alguien que duerme, por lo tanto, el muerto no puede tener conciencia de lo que está pasando a su alrededor; Luego Jesús se va a la ciudad donde estaba el cuerpo de Lázaro y la Biblia enseña que Jesús al ver a María llorando y a los amigos judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en su espíritu y se conmovió y les dijo: “¿Dónde lo pusieron?” Ellos le dijeron: “Señor, ven y ve”. Jesús fue al sepulcro, les ordenó quitar la piedra y clamó a gran voz: “¡Lázaro”, ven fuera! Y el que había muerto salió de la tumba con las manos atadas y los pies con vendas y el rostro envuelto en un sudario, y Jesús les dijo: “Desátenlo y denle de comer”.
Estimado amigo(a) lector, a la luz de las Escrituras los muertos no tienen ya ninguna conciencia, ni memoria; los muertos ya no pueden amarnos ni odiarnos, no pueden regresar a la tierra, ni el 2 de noviembre ni ningún otro día del año; los muertos dormidos están y el día que regrese el Señor Jesucristo a la tierra por segunda vez, todos los muertos resucitarán, unos para vida eterna y otros para condenación y juicio, ello depende de la decisión que cada persona haya tomado en vida, entre recibir a Jesús como único y suficiente salvador o haberlo rechazado, en esto último consiste la condenación eterna.
Usted y yo podemos dar gracias a Dios por la vida y bendiciones recibidas de sus padres, abuelos, hermanos, hijos, etc., que en vida fueron de buen testimonio, de bendición y generosidad para su vida, pero de eso a levantarles altares y buscar el regreso de los muertos para buscar relacionarse con ellos, eso estimado amigo, es otra cosa; la invocación a los muertos en realidad abre puertas a la invocación de demonios que tratarán de controlar su vida para destruirla.
Deuteronomio 18, versículos 9 a 14, enseñan que la consulta a los muertos es una abominación para Dios y a la letra enseñan: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Estimado lector, hay de tradiciones a tradiciones… Que Dios bendiga a todas las familias de saltillo, de Coahuila y de México.
Más sobre esta sección Más en Coahuila