Arte
Publicado el domingo, 21 de febrero del 2021 a las 08:13
Monterrey.- Hay una historia que Heber Banda suele contar en sus presentaciones y que es real. Casi todos sus relatos son verídicos, pero éste tiene mayor relevancia, porque de alguna manera determinó su vida.
Después de merendar con su abuela Mariquita Soto, “Yaya”, ambos salieron a caminar a la par de un río que se encontraba detrás de la casa de la mujer que lo crió de los 6 a los 12 años en Veracruz.
“¿De dónde crees que viene el agua?”, le preguntó la mujer, de oficio chamana, al niño, a quien le contaba historias mientras zurcía calcetines y pantalones.
“¿De la montaña sagrada?”, contestó Heber.
“Muy bien, y ¿a dónde crees que va?”.
“No lo sé”.
“Se va al mar, al mundo”, le dijo la abuela y le dio una margarita. “Ahora deshoja la flor y sopla”.
Heber así lo hizo y mientras los pétalos iban cayendo al río, la abuela le dijo: “Esta flor es como tu vida. Este pétalo son tus sueños; éste, tus ilusiones y, éste, tus triunfos, y así. ¿Entiendes?”.
El pequeño contempló las partes de la flor en fuga por aquel río.
“‘Se fueron al océano'”, repite el narrador las palabras de su abuela. “‘Se fueron al mundo’. Este pasaje marcó mi destino: como esa flor, yo era para el mundo y había que entregarse a él”.
Con esta magia, Heber ha sido fiel a la lección de la abuela, vencido retos que se le han presentado y transitado por el teatro, las artes visuales y la narración oral, disciplina que lo llevó a crear uno de los grupos referentes en el paisaje cultural de la Ciudad y que ha rebasado fronteras: Zurcidores de Cuentos.
Dice César Tavera, fundador con Elvia Mante de Baúl Teatro, que hablar de Heber es referirse a lo escénico, la narración, la pintura y a la escenografía en la localidad.
“Hemos colaborado en distintos proyectos y una constante es su tenacidad y talento, pero sobre todo el compañerismo y solidaridad”.
Este próximo abril, el artista de 56 años de edad celebrará los 21 de la agrupación con un festival en cuya programación participarán artistas afines a Zurcidores de varias ciudades y países.
Fue en Colombia donde Heber encontró la vertiente más conocida de su vocación artística: la de narrador de cuentos. Egresado de la escuela de teatro de la ANDA y a sabiendas “de que nunca me la iban a dar de príncipe azul sino de ogro”, salió con la idea de crear un grupo teatral, lo que logró en secundarias, prepas y en la Universidad Mexicana del Noreste.
“Desde entonces procuro montar obras de mi autoría”, comenta Heber, quien en esa ocasión con los universitarios montó “Tripas de gato”, integrada por las piezas “Mendigos”, “Tan sólo vivir” y “La eterna soledad”, la primera transgresora, ya que antes de la función uno de los actores yacía a las afueras del auditorio recibiendo el desprecio de algunos espectadores que lo creían realmente un indigente.
Inquieto, Heber participó en numerosos montajes, tuvo la oportunidad de tomar cursos de teatro corporal con Philippe Genty en Francia y más tarde volvió a Monterrey para formar una compañía, lo que le llevó a brindar talleres en la Universidad Veracruzana y a hacer performances, más orientado a la crítica social.
“Y en ese lapso me llega una invitación por correo electrónico de un festival de narradores en Buga, Colombia, para que mandara grabaciones con un cuento de mi autoría, una leyenda y un cuento de autor”, recuerda. “Yo, que no me dedicaba a la narración, por jugar mandé la grabación y quedé entre los invitados para participar… y me cambió la vida”.
Esto fue a fines de 1999 y el artista quedó impactado por la logística del festival y la calidad de los narradores provenientes de diversos países, muchos de los cuales se volverían sus amigos.
Él sacó con éxito su participación, aunque hubo quienes le criticaron por su raíz dramática: “Eso no es narrar, es actuar”, le dijeron algunos, pero él defendió su desempeño: a final de cuenta la narración es actuar, requiere el ímpetu de la caracterización.
Al volver a Monterrey, Heber traía muchísimas inquietudes en la cabeza: crear un festival, viajar más, lo que fue enriquecido al conocer a María Eugenia Llamas “Tucita”, pionera de la narración oral en la Ciudad, y quien le habló de las clases con el cubano español Francisco Garzón Céspedes, figura de esta disciplina.
Ya encarrilado, reunió a sus amigos Claudia Serrato y Humberto Sáenz para rebotar ideas.
“Hace más de 20 años tuvimos una charla”, cuenta Claudia, quien conoció a Heber en la escuela de teatro de ANDA. “Soñamos con crear algo propio y en el estacionamiento de un restaurante (quizá fue un Vips) surgió Zurcidores de Cuentos, que se hizo realidad con un apoyo de Conarte.
“Esa beca fue el impulso para hacer lo que nadie había hecho: temporadas de teatro infantil que duraban años en espacios culturales”.
Ante esta posibilidad, Heber recordó a su abuela que le solía contar historias, por lo que el nombre del grupo se debió a la actividad que Mariquita solía realizar mientras se balanceaba en su mecedora y hablaba: zurcir calcetines y rodilleras de pantalón.
Tras usar nombres como Espacios Vacíos y La Cuerda adoptaron Zurcidores de Cuentos a manera de homenaje a la abuela, y cada uno tendría un personaje: Heber sería “Dedal”, Humberto, “Botón”; Claudia, “Hilaza” y así: otros que entraron y salieron tendrían de sobrenombres “Tijeras”, “Hilo”, “Zigzag”.
Heber decidió no narrar historias clásicas para niños, sino originales. Esto y encontrar en el pequeño auditorio del Centro Cultural Plaza Fátima el sitio ideal para las presentaciones, los llevó a una época espléndida que detonó en 400 representaciones dominicales, un repertorio de mil 200 cuentos originales, todos con vestuarios, escenografías y música.
“Nos hemos presentado como talleristas en varios museos de la localidad, en instituciones educativas”, dice Claudia. “Heber es muy talentoso como artista, escribe el texto dramático ya visualizando la puesta en escena y sus obras recorren los distintos géneros dramáticos, incluso el trabajo con títeres”.
Humberto asegura que Heber es un gran maestro, un compañero ideal y un artista con una visión muy amplia del espectáculo teatral.
“Tiene un gran carisma con los chicos y también con los grandes, pero con los niños percibes el carisma para engatusarlos con el cuento y la obra de teatro”.
La agrupación se ha presentado en encuentros de teatro infantil, en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad, Conarte Niños, en recintos de distintos países y en el Festival Cervantino, entre otros.
“Nunca imaginé que con Zurcidores lograra tantas cosas”, expresa el artista, “no tanto en lo económico, pero sí a nivel profesional, en la autoestima. Ha sido maravilloso”.
Añade César, de Baúl Teatro: “Zurcidores de Cuentos marca una forma de trabajo y de promoción cultural que apuesta por la cultura infantil”.
Nacido el 13 de marzo de 1964 en Monterrey, Heber Israel Banda Sánchez nació en una familia integrada por María Luisa Sánchez Soto y Rogelio Banda Rodríguez, quien murió a los 3 meses de nacido su hijo.
“Mi madre, viuda con cuatro niños, decide enviarme con mi abuela paterna a Veracruz”, relata. “Te preguntarás por qué no me dejó con la abuela materna, pero es que tengo sangre judío-alemán y mi abuela era una mujer de dos metros, rubia, de ojos de color, que me veía como un negro: ‘Pinche negro’, me decía y me hacía comer en la cocina. Tengo un cuento de eso.
“Ante eso, a los 5, 6 años mamá decide por petición de mi abuelo enviarme a Xalapa, Veracruz, donde encontré todo nuevo: selva, animales, frutas, y una abuela enamorada de la vida, que me contaba cuentos, que no sabía leer ni escribir y que era negrita como la noche”.
Era Mariquita. Bajo su resguardo, Heber viviría hasta los 12 años, época en la que su madre lo reunió con una tía en la Ciudad de México y de nuevo con su familia en Monterrey.
“Cada quien traía sus ideas, me sentí extraño”, recuerda. “Lo peor es que nadie me informó de la muerte de mi abuela, lo supe después”.
Le surgió un carácter difícil, reconoce, de ahí que una amiga le recomendó tomar clases de teatro, lo que le cambió la vida: vino la escuela de la ANDA, su paso por grupos teatrales, Colombia, Zurcidores de Cuentos.
El temperamento no disminuyó. Heber reconoce que el suyo es fuerte, de ahí que alguna vez su maestro Isaac Alcorta le dijo en algún ensayo: “Vuelve a dar la misma indicación, pero no grites. Controla tu carácter, porque se te va a ir la gente”.
Comenta Heber: “Me modifiqué, cambié la actitud”.
El repertorio de Zurcidores, a quien hace un tiempo se integró Iván Hernández, es muy amplio, pero en sus presentaciones no faltan algunos de sus relatos más representativos como “De princesas y piratas”, “Cómo te lo cuento lo haces”, “De narices”, “Chocolate”, “Niña color de noche”, “Fuera los miedos”, “El inventor de problemas”, “Los hilos rojos de la vida” y “Raíces de mi pueblo”.
Relatos a los que no les faltan mística, fantasía, mucho del pasado de Heber y experiencias de gente cercana.
Los cuentos de Zurcidores no son sólo para el público infantil, sino para todos. Los hay incluso para adultos y eróticos, y lo mismo se han presentado en espacios privados, que en hospitales y prisiones. También narran para radio y televisión, es el caso del programa que tuvieron por 18 años en Frecuencia Tec y, ahora, a través de Trilce Radio.
“La idea es contar todo tipo de historias: de mi pasado, del tuyo, del de todos”, comenta Heber. “Lo único en lo que no me meto es en cuestiones políticas y religiosas, aunque sí hacemos crítica social”.
Convencido de lo multidisciplinario, Heber construye espectáculos con cantantes de ópera, músicos y bailarines. Dice que no le tiene miedo a la fusión.
Él un artista plástico, otra de sus vertientes, lo que remite a creadores que han transitado disciplinas, como el caso del decano Rubén González Garza o del poeta y artista escénico Luis Javier Alvarado.
Heber considera que todos tienen historias que narrar y que escuchar un cuento, literalmente, puede cambiar una vida.
“No creo en las moralejas, pero sí creo en que uno puede tomar del cuento lo que a uno le parezca y aplicarlo en su propia vida”, dice.
Afirma Humberto sobre Heber: “He tenido el honor de trabajar con él por cerca de 30 años y siempre me sorprende con nuevas propuestas, con nuevas intenciones, con grandes ideas del mundo del escenario.
“Heber es una persona muy inquieta, con muchas ganas de trabajar, de hacer las cosas de una manera diferente, no lo trillado, sino siempre con una propuesta diferente”.
Zurcidores avanza a paso firme hacia su aniversario 21.
Heber, entregado a través de su vocación al mundo como aquella flor al río, tiene esperanza.
“Por el momento nos detuvo la pandemia, pero lo virtual nos sacó adelante”, dice. “Seguiremos viajando con nuestros cuentos”.
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