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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 2 de octubre del 2025 a las 04:30
José Sánchez Ramírez | Saltillo, Coah.- En el corazón de la Ciudad Deportiva de Saltillo, bajo las luces que iluminan el estadio de beisbol Juan Navarrete, se forja una historia que ya cumple 12 años: los Steel Ducks. Un equipo que ha sabido conjugar la tradición con el presente, llevando en sus alas el lema que los distingue: Pasión, Honor y Lealtad.
La franquicia nació en 2013, inspirada en los Patos de la Universidad de Oregón. La visión de las familias Montano Luna, Hernández Pérez, Lobato Padrón y Montano Dahud se unieron para una misma causa: construir un espacio donde el futbol americano pudiera transformar la vida de niños y jóvenes.
En aquellos inicios, la base deportiva fue cimentada por los Montano Luna, una familia de atletas que, en los años noventa, dejó huella en la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), el Tecnológico de Saltillo y la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN). El impulso vino de la señora Nina Luna y su esposo Salvador Montano, quienes transmitieron la disciplina, la entrega y el espíritu de comunidad que aún hoy prevalecen en el club.

Dentro y fuera del campo
La identidad de Steel Ducks no se limita al emparrillado. Sus tradiciones son parte del alma de la institución: días de campo, noches de cine, la quema del miedo y la ceremonia de los Ducks Awards, una fiesta donde se celebra no sólo el talento, sino también el corazón de cada jugador.
La rivalidad con los Acereros ha sido otro ingrediente que ha fortalecido su carácter. Cada enfrentamiento es un duelo de orgullo, una película escrita con golpes, velocidad y coraje, que ha quedado grabada en la memoria de jugadores y familias por igual.
En el presente, los Steel Ducks son guiados por el coach Homero Montano, quien ha sabido transmitir disciplina, técnica y la pasión emocional. Bajo su mando, el equipo ha cosechado títulos, pero, sobre todo, ha sembrado líderes dentro y fuera del campo.

Disciplina total
Entre las nuevas generaciones que visten el uniforme destaca Edson Sebastián Ortiz Cortez, corredor de la categoría Ardillas, de 10 años. Su entusiasmo es el motor de sus pasos: “Se me hizo un equipo muy bueno. Desde Botanas llevo jugando en el club. Antes era muy lento, ahora soy rápido y muy ágil gracias a este deporte”, dijo Edson.
Su sencillez es tan grande como sus sueños: “La verdad no tengo secretos. Tengo que echarle muchas ganas en la escuela y en el futbol americano al mismo tiempo. Ese es mi único trabajo por ahora; debo hacerlo bien para valorar el esfuerzo de mis papás”.
Sus palabras revelan un compromiso que trasciende la infancia. Edson sueña con llegar a jugar algún día con los Dinos en liga profesional: “Me gustaría jugar en Dinos. Al ser liga mayor, es mi sueño jugar ahí algún día y pertenecer a ese gran club”.
Antes de volver a correr, envía un saludo a su familia, a su mamá, a sus hermanos y a sus amigos de la escuela, recordando que el futbol americano siempre tiene raíces en casa.

Un atleta nato
Otro joven talento es Santiago Jonathan, corredor de la categoría Botanas. Sus coaches lo definen como un líder nato. Jugar con felicidad, disciplina y disposición es su sello en cada entrenamiento. Su mayor pasión es sentir la velocidad del balón entre las manos, como si cada carrera fuera un salto hacia la libertad.
Su mamá, sus abuelos y sus tíos fueron quienes lo animaron a entrar al club, y hoy Santiago vive con intensidad cada detalle. El momento de ponerse el casco y los guantes es, para él, una emoción única: un ritual que lo transforma. Si pudiera ser un superhéroe cada vez que pisa el campo, Santi no lo duda: él sería Hulk.

Forman líderes y atletas
En la trinchera defensiva, el coach César Sosa comanda a la categoría Moscos con una visión clara: “Lo primero que hay que hacer es ganarse a los niños, ganarse mi respeto y yo el de ellos, y así poder lograr ganar”, afirma, convencido de que el respeto mutuo es la primera victoria.
Sosa trabaja con precisión: “Con cada niño tenemos entrenamientos personalizados para ver cualidades, fortalezas y poder mejorarlas. Vemos en qué son mejores, así definimos posiciones y observamos el crecimiento personal en cada uno. Así formamos líderes”.
Su filosofía combina la técnica con la formación humana. Los resultados lo respaldan: “Somos uno de los mejores equipos de la liga, hemos ganado varios campeonatos. Además de coach, soy papá de uno de los jugadores. Eso me motiva aún más a hacer un buen trabajo en esta gran institución”.
Palabras que dejan ver que, en los Steel Ducks, la familia y el deporte son un mismo equipo.

Más que un equipo
El sentimiento de pertenencia también lo expresa Rosalina Limón, madre de Mario Antonio Solís, jugador de la categoría Hormiguitas: “Para nosotros es muy importante sentirnos dentro de una casa, de una familia. Es lo que hace bien el club con cada padre de familia, para que tanto niños como padres se puedan integrar y sentirse cómodos de pertenecer a Steel Ducks”, comparte emocionada.
Así, entre sueños infantiles, liderazgos juveniles y la pasión de las familias, los Steel Ducks siguen escribiendo su historia con esfuerzo y con el rugido de las tribunas. Es un testimonio de lo que el futbol americano puede sembrar en la vida de una comunidad: unión, orgullo y el deseo constante de volar más alto con sus poderosas alas indestructibles.

Fundación: 2013.
Socios fundadores: familias Montano Luna, Hernández Pérez, Lobato Padrón y Montano Dahud.
Lema: “Pasión, Honor y Lealtad”.
Acérrimo rival: Acereros.
Equipo inspirado: Patos de la Universidad de Oregon.
Entrenamientos: Estadio
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