Seguridad

Publicado el sábado, 24 de mayo del 2025 a las 10:02
Saltillo, Coah.- Lo que inició como un encuentro clandestino entre amantes terminó tiñéndose de luto y desesperación pues Jesús Enrique, un joven de 27 años, encontró la muerte en la habitación 16 del Motel Marbella, al oriente de Saltillo, luego de abrir su corazón y desahogarse sobre los tormentos de su vida matrimonial, para luego quitarse la vida en silencio, mientras su amante dormía a pocos metros de distancia.
Era cerca de las 4:00 de la madrugada, cuando empleados del motel tocaron la puerta para avisar que el tiempo de estancia había concluido, pero no obtuvieron respuesta, por lo que insistieron hasta que finalmente despertaron a María, de 32 años, la mujer que horas antes compartía risas, caricias y copas con Jesús.

Aturdida por el sueño y el alcohol, María se levantó para buscarlo, el sonido del agua de la regadera la guió hasta el baño.
Lo que la mujer encontró fue una escena que la marcará para siempre: Jesús colgaba sin vida de una cuerda, con el cuerpo ya rígido y la piel teñida de un macabro tono púrpura que revelaba que llevaba horas muerto.
Minutos antes, Jesús le había confiado entre susurros el peso de una vida que lo agobiaba, su matrimonio fracturado, las decisiones que no podía deshacer y un dolor que ya no podía callar, sin embargo, María creyendo que eran palabras pasajeras del alcohol y la nostalgia, nunca imaginó que serían una despedida disfrazada de confesión.
La tragedia movilizó a paramédicos de la Secretaría de Salud, quienes confirmaron el deceso al llegar, por lo cual, elementos de la Policía Municipal acordonaron el lugar, mientras agentes de la Fiscalía General del Estado realizaban las diligencias correspondientes.
La tensión aumentó cuando llegaron la madre y la esposa de Jesús, consumidas por el dolor y la rabia al enterarse de que no murió solo, sino en compañía de otra mujer.
Las emociones desbordadas se transformaron en reclamos y señalamientos hacia María, a quien responsabilizaron del suicidio, de manera que los oficiales debieron intervenir para protegerla del linchamiento emocional y físico que amenazaba con estallar.
Jesús Enrique, había salido esa noche del trabajo en busca de un escape, pero terminó encontrando lo irreversible.
Su cuerpo fue trasladado al Servicio Médico Forense para la autopsia de ley, y más tarde será entregado a su familia, la misma que ahora, entre lágrimas y reproches, prepara un funeral.
Una noche de pasión, desahogo y olvido se convirtió en una tragedia silenciosa, marcada por las palabras que nadie tomó en serio, hasta que ya era demasiado tarde.
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