Siguiendo con la revisión de las estadísticas nacionales, recientemente publicadas por el Inegi.
En la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares, 2022 (Enigh), que revelan las diferencias que existen, ahora no solo en el ingreso, sino también en el gasto, entre las familias en México, de las cuales unas pocas concentran y gastan, gran parte de los recursos que genera la economía del país; y el resto (U1) de ellas, conforman un universo muy amplio por su número, que mal se reparten los saldos de ese gran total.
Esa disparidad en el ingreso-gasto, interfamiliar de ninguna manera es exclusiva del país. Fue observada y teorizada desde la perspectiva del consumo por el economista inglés J.M. Keynes en 1936, antes de que India se independizara de los ingleses.
Es probable que al contrastar ese par de sociedades: la imperial y la india, haya obtenido algunas hipótesis y conclusiones sobre el comportamiento del ser humano ante la escasez y abundancia de recursos, que plasmó en su argumentación económica.
En varios manuales de economía que revisan la Gran Depresión de 1929, se cita la siguiente frase atribuida a Keynes: “la ley sicológica fundamental en que podemos basarnos con entera confianza… es que la gente está dispuesta, por regla general y en promedio, a aumentar su consumo cuando aumenta su ingreso, pero en una cantidad menor”, teoría que permanece vigente, aun muchos años después de su elaboración, en el sistema capitalista del siglo 21.
Ella explica el por qué los estratos populares de la sociedad mexicana destinan una mayor parte de su salario a la compra de bienes de consumo básicos para el sustento de la vida, en cambio las clases sociales con capacidad económica elevada, su consumo es más elástico, satisfacen sus requerimientos de primera necesidad, y además tienen margen de adquirir otro tipo de productos catalogados como suntuarios, o simplemente posponen su consumo hacia el mediano o largo plazo, lo que para algunos economistas eso es el ahorro.
En esas clases sociales al incrementar sus ingresos, su tasa de consumo no aumenta en la misma proporción que la de sus ingresos. Lo hace en forma más lenta y menor.
Por otro lado, el Inegi se vale de 10 segmentos (deciles) y en cada uno de ellos agrupa a la población en función de los ingresos que percibe. De tal manera que el número I, aglutina a todas las familias que perciben el salario más precario en relación al estamento X, la cúspide representa el mayor poder económico.
En 2022, las familias encasilladas en el decil I, para surtir la canasta básica de productos tuvieron que erogar, por la ingesta alimentaria, 51.1% de su salario, el resto de este (48.9%) se “estira” para cubrir los otros gastos también necesarios para la supervivencia, como los que se hacen en transporte, salud, servicios de energía eléctrica, agua, gas; y otros más.
Aunque parezca una paradoja en el sentido de que la familia que más recursos posea, también debe gastar más, pues no es así, al menos de manera relativa, es decir con respecto a su ingreso total.
El decil superior (X) para las compras de artículos procesados de consumo no duradero y de bienes perecederos eroga 28.3% del total de sus ingresos. La brecha entre el decil X y el I es de alrededor de 23 puntos porcentuales.
Que se puede explicar por los ingresos promedio que percibieron los hogares al trimestre, el decil superior obtuvo 200 mil 696 pesos, y en cambio el I recibió 13 mil 411 pesos; si se calcula para cada miembro de la familia y por día, en el primero fueron 992 pesos por perceptor, el otro apenas llegó a 66 pesos por miembro de familia.
Pero, a medida que el poder adquisitivo de las familias más pobres vaya creciendo la brecha se irá paulatinamente cerrando. Prosiguiendo grosso modo con la revisión de la Enigh, 2022.
Llama la atención, que todo el ingreso corriente que produjo la economía mexicana al trimestre, más de 30% del mismo, se concentró en el estamento designado con el número X, y en el fondo aparece el decil I, con solo 2.1% del total del flujo de recursos monetarios.
Lo anterior se ha explicado a los estudiantes desde las aulas con la metáfora del pastel, el cual personifica al tamaño de la economía, y los convidados a degustarlo, simbolizan o representan a la población dividida en 10 grupos.
Si el que parte y reparte (mercado), esa sabrosa golosina, lo hace de manera desigual, algunos recibirán rebanadas de gran grosor, otros en cambio tendrán que conformarse con las migajas del pan.
Para algunos ortodoxos en la aplicación de la teoría económica, la solución a la inequidad en el reparto de las rodajas de pastel a los invitados a la fiesta, sería aumentar el tamaño del pastel, para mejorar la distribución.
No obstante, si no se presentan mecanismos que regulen al mercado, la asimetría va a seguir prevaleciendo, y quizá aumente.
La redistribución del ingreso requiere la intervención del Gobierno.
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