“Es siempre nuestra percepción o nuestra interpretación de los hechos lo que causa nuestro sufrimiento, no lo que otra persona sea o haga”.
Lise Borbeau
Elizabeth Clapés, sicóloga, decía que ser una persona sana empieza por conocerse.
Es necesario conocernos, abrir los diversos capítulos de nuestra vida, comprender los ciclos de las experiencias para poder mirar lo que se quedó incompleto.
Cuando tenemos asuntos inconclusos, tendemos a repetir.
Cuando las cosas no están resueltas, o hay necesidades insatisfechas, nos atoramos. Porque aunque solemos tener una tendencia a completar, algo no está acomodado en nuestro interior.
Hemos ido mirando las diversas heridas de la infancia que pudimos haber tenido en nuestra infancia. Tal vez no fue un evento grande, pero así lo vivió mi psique.
Tal vez fue un evento o experiencia traumática, o fue un evento donde me sentí amenazad@, sol@, abusad@. La sensación de amenaza me pudo haber paralizado y me hizo aprender estrategias de supervivencia para afrontar las circunstancias.
Cuando nos damos permiso de reconocer la herida, nos damos permiso de reconocernos a nosotros mismos en totalidad. Esa herida es parte de nuestra historia y reconocer esa herida nos permite ser compasivos con nosotros; soltar cualquier culpa con la que hayamos ido cargando; exteriorizar o completar las emociones que me tragué, que bloqueé, que guardé en mi interior.
Cuando yo reconozco la herida, aprendo a gestionarla de manera diferente.
Ya no soy reactiv@. Ya puedo verla y decir esto es mío. No hay garantía de cambiar la historia, pero eso ya no entorpece más mis relaciones.
Comienzo a relacionarme de forma más sana, porque estoy dejando de proyectar.
Viajar al pasado para encontrar eventos que pueden causarnos de nuevo mucho dolor, no es fácil. Pero podemos resignificar y encontrar otro sentido al querer sanar. Tener un corazón dispuesto a liberar lo que tengo que liberar.
Hacer una carta de gratitud por haber llegado hasta aquí. Honrar el camino andado.
Mirar con los ojos desde el amor. Resignificar lo que vivimos también es pensar … “¿Para que me sirvió vivir esto? En vez de… ¿Por qué me tocó vivir esto?
Resignificar es darle un sentido y significado a lo vivido, lo cual no significa aceptar, pero sí transformarlo para ser mejor persona.
Abrirme a perdonar. Buscar tener compasión a quien me hirió y a mi mismo.
Preguntarte…
Tu mamá, o tu papá… ¿Qué te dio con eso que no te dio?
¿Quién eres hoy a partir de esta historia?
¿Cuáles son las bendiciones con eso que no te dio?
Reconoce que con eso que no te dieron, te dieron otra cosa… Tal vez fuerza, coraje para salir adelante, tenacidad, individualidad, voz…
Dejar de juzgar y juzgarme.
Repasar la idea de que… “Todos lo estamos haciendo, lo mejor que podemos, todo el tiempo”.
Rendirme a la historia como fue. No hay nada que pudiera hacer ya para hacerla distinta. Pero de igual manera, date permiso de procesar la información.
Te comparto el decreto de sanación de las heridas de la infancia, extraído del libro Transforma las Heridas de tu Infancia, de Anamar Orihuela.
Hoy elijo honrar mi historia y aceptarla como es. Me doy gracias por todas las elecciones tomadas que me permitieron salir de momentos dolorosos, dejándome herramientas y lecciones que hoy reconozco y aprecio. Honro mi niñ@, su nobleza y su inocencia. Honro en mi adolescente, su rebeldía y su fuerza. Honro en mi adult@ joven su sano entendimiento. Honro a quien soy hoy, fruto de tod@s l@s yo que están en mi historia y que hoy honro, reconozco y sano. Honro mi dolor y elijo aprender de él, respeto mis errores, conozco mis heridas y me comprometo a que esas heridas no me lastimen ni lastimen a los que amo. Hoy suelto a mis padres y entiendo que lo que no me dieron, no lo tenían, no estaba en ellos darlo. Cancelo las facturas de afecto que sentí que mis padres y la vida debían pagar, hoy sé que puedo recibir amor en libertad y empieza en mi relación conmigo. Me amo, me acepto, respeto mis necesidades y mis carencias, respeto mi ritmo y perdono mis errores producto de mi ignorancia y mi incapacidad para dirigirme con amor. Camino con paciencia hacia la conquista de mí, sin pelear y sin rechazo, siempre de la mano conmigo. A. Orihuela
Eric Berne decía, que a través de mi propia sanación, sano a otros. Y es que estás integrando y sanando tus heridas cuando ya no respondes, ni reaccionas desde el niño herido. Cuando en ese momento sabes moverte desde tu personalidad herida, hacia tu parte adulta.
Solemos vivimos en un ir y venir de los diferentes estados. En ocasiones reaccionamos cómo padre- madre, en otras como adulto, en otras como niño. Lo importante es desarrollar la habilidad para irme al adulto… moverme cuando me detecto actuando desde el niño herido. Yo puedo saber que ya integré, cuando ya reconozco. Cuando dentro de ese conflicto, elijo irme al adulto, tranquilizarme, irme al espacio donde me des-identifico y pienso más asertivamente. Una personalidad sana sabe qué siente, cómo lo siente, y puede expresarlo. Sanas e integras, cuando te completas eso que no se te dio. Cuando te miras, cuando te abrazas, cuando te nutres, cuando te escuchas, cuando te paternas o maternas.
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