Arte

Publicado el miércoles, 1 de septiembre del 2021 a las 04:00
Ciudad de México.- Nicaragua ocupa un lugar principal en toda la literatura de Sergio Ramírez, sin embargo en su nueva novela, Tongolele no Sabía Bailar (Alfaguara 2021), está viva porque el retrato que hace el Premio Cervantes es el de la Nicaragua contemporánea, la de los 400 mil asesinados por el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, de las persecuciones políticas, exilios, represiones brutales y lucha hacia la transición democrática.
La historia, protagonizada por el inspector Dolores Morales, el alter ego de Sergio Ramírez, es un tributo a los centenares de caídos, y a sus familias que siguen clamando justicia, es su estrategia para entender desde la literatura una realidad que le duele y atormenta, y que sin embargo, esperanzado, sueña con atestiguar que su patria tendrá un final feliz, como muchas veces no lo tienen las novelas.
Al preguntársele si es difícil hablar de la Nicaragua contemporánea, el escritor comentó que “son hechos que ni siquiera tienen una resolución final, pero fue tratar de verlos con esta neutralidad que la novela exige y no caer en una novela de propaganda en el sentido de que yo defiendo determinada posición y condeno otra, sino meterme dentro del entramado de los hechos y de los personajes con esa visión múltiple que el escritor debe tener”.
Ramírez se ha desempeñado como periodista, oficio que le ha dado muchas herramientas con las cuales abordar algunos de sus títulos, pero en este libro se dedicó a la ficción.
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Cuando estos acontecimientos empezaron en abril de 2018 empecé a tomar notas, intentar borradores de crónicas. Comencé a seleccionar historias: la muerte de un niño al que matan cuando corre a llevar agua a los jóvenes en una barricada, un monaguillo que también es asesinado, otro niño que le dispara a quemarropa el mismo policía que lo entrenaba como futbolista, el incendio de la fábrica de colchones, el asalto a la iglesia de Divina Misericordia, pero era cronista de segunda mano, y pensé: lo mejor es que estos materiales me sirvan como elementos de un trabajo de ficción y los vuelvo material de primera mano”.
Para Ramírez el ejercicio de la ficción le permite ver el todo, aunque el punto de vista sea uno solo: la complejidad del mundo puede resumirse en las voces que hablan he interactúan. Para él escribir novela le permite otra lectura de los hechos.
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La literatura me permite mucha más libertad de enfocar lo que está pasando y me permite distribuir las voces, darle voz a mucha gente, porque el riesgo cuando uno habla solo frente al lector es hacerse cargo apasionadamente de los hechos y condenarlos o defenderlos, mientras que cuando las voces se distribuyen en distintos personajes la carga se reparte, y uno no debe olvidarse que la literatura está basada en la complejidad, no en lo más simple, lo más simple es defender o condenar”, comentó.
Aún sí sabe que siempre lleva un riesgo, apunta.
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Elegí un terreno riesgoso deliberadamente, que es el de los hechos que no han terminado de ocurrir y corrí el riesgo de ser arrollado por esos mismos riesgos o de comprometerme demasiado con los hechos y no tomar la distancia necesaria, pero uso el humor negro que me da la distancia, es una manera de rodear la novela de esta coraza de protección”.
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