Un buen día comía tapas españolas en un restaurante regiomontano, y fue ahí que me presentaron a un conocido algo peculiar, pero, de hecho no fue la persona que me presentaron ese día la que cautivó mi atención, sería mi primer encuentro consiente con otro personaje, de esos que vale la pena comentarlo.
En medio de la plática, surge un tema poco común, me dice este conocido que, estando él de vacaciones por África, había tenido el privilegio de conocer en persona a alguien sin igual; luego volteó a mí con un aire de complicidad diciéndome, claro que sabes de quién estoy hablando, y yo, asentí con la cabeza, como diciendo por supuesto que sé de quién hablas.
Pero, en honor a la verdad, yo no tenía la menor idea de lo que estaba hablando mi interlocutor, sin embargo continué la conversación como si de algo cotidiano se tratara y lo que a continuación sucedió abrió mis ojos a una nueva frontera.
La conversación empezó a ponerse interesante cuando mi conocido, empezó a describir el día que conoció a este personaje, y mientras ilustraba la escena con las manos, dijo:
-Ese día estaba sentado en un gimnasio al aire libre en unas gradas, cuando de pronto, empezó a escucharse una efervescencia en el ambiente, una energía invisible empezó a recorrer mi cuerpo, la gente se aglomeraba en torno a la entrada del lugar, a lo lejos empezó a fluir el sonido de los tambores sonando al unísono, cánticos y gente cantando a boca de jarro, poco a poco el sonido se fue haciendo más y más fuerte como un río que fluye hacia la cascada sin fin.
Y ahí, rodeado de hombres y mujeres que bailaban y cantaban al ritmo de los tambores, entre el vaivén de la muchedumbre, entre las vibras de vida que emanaba la gran masa de gente venía él; bailando, cantando, saludando y sonriendo, ahí, entre la algarabía venía Madiba.
A pesar de que solo era un relato de un momento pasado, la emoción podría percibirse en los ojos de éste afortunado sujeto que tuvo la dicha de ver en persona a tan emblemático personaje; siguió comentando que él sintió el verdadero cariño del pueblo sudafricano por su entonces líder.
Y fue de esta forma querido lector, en ese preciso lugar que yo conocí a Nelson Mandela, obviamente no en persona, pero a partir de este momento tuve conciencia de la existencia de alguien como él; de su lucha, de sus ideales y lo que representa para el continente Africano.
Así que llegue a casa totalmente intrigada por conocer todo de éste idealista, puse la interpretación de la canción “África” de la banda “Toto”, para sentirme a tono y empecé el viaje devorando página tras página sobre la vida y obra de Mandela.
En la lucha social los idealistas sufren grandes pérdidas, el caso de éste protagonista no es la excepción; lo que más se grabó en mi mente al investigar sobre él fue que había pasado 27 años en prisión, pues eran más años de los que yo tenía de vida, es decir Mandela había pasado en prisión más tiempo que yo de vida en el planeta.
Encontré que la clave de su fortaleza radicó en su alma infranqueable, pero por mucho, la roca sobre la que su virtud pudo apoyarse fue un poema, sí, los versos escritos por el poeta inglés William Ernest Henley.
Inicialmente el poema no poseía título, pero actualmente se identifica con una majestuosa palabra en latín “INVICTUS”, inconquistable; maravillosos los versos que evocan la grandeza del alma.
Por ese motivo, lo comparto hoy, para difundir dos grandes pequeñas partículas que pueden construir un imperio de tu alma, la vida de Nelson Mandela y el Poema que lo sostuvo 27 años en prisión.
La palabra Invictus, es tan emblemática que fue elegida por un prestigiado diseñador para nombrar a su línea de fragancias, tan acertada su decisión al nombrar su perfume así, que cuentan las leyendas urbanas que es uno de los perfumes usados por celebridades.
En fin, de Inglaterra hasta Sudáfrica, el poema de 16 versos enarbolan la valentía de vivir por encima del miedo y de las circunstancias, su autor afligido por la mutilación de su cuerpo ha creado una obra maestra que sigue vigente hasta nuestros días y le ofrece al lector una caricia para el alma, un paliativo para su ser, una remembranza de que nada está perdido.
Así cuando sientas un momento de desesperanza, cuando veas que es muy negro el horizonte y que no hay retorno o una salida, recuerda que un hombre vivió 27 años enclaustrado por sus ideales, que pudo mantenerse invicto en mente y espíritu, para renacer como el líder de una nación que lo amó hasta el último suspiro; anclando su razón a un poema, que hoy te es regalado a ti, para que recurras a él en momentos de adversidad y por último recuerda que solo tú eres el amo de tu destino y el capitán de tu alma.
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