Arte

Publicado el sábado, 11 de septiembre del 2021 a las 04:26
Saltillo, Coah.- Para Antonio Castañeda Ortíz (Torreón, 1979), “salir al desierto, caminar en el vacío es una forma de encontrarme conmigo mismo. De ver qué hay aquí adentro, pero también allá afuera”, pues en cada viaje hacia el páramo yermo, la soledad es una puerta hacia el interior.
Esa mentalidad tiene algo de místico y ascético. Una mezcla entre su personalidad occidental y la filosofía oriental que tanto lo ha acompañado durante los últimos años y que le ha permitido ver “que dentro de nosotros hay mucha luz, pero también oscuridad”, como ejemplifican las instalaciones, pinturas y esculturas que conforman EED-9000, exposición que inauguró el jueves en el Museo del Palacio de Gobierno.
En la muestra domina el blanco, una metáfora del vacío, lo infinito, “un umbral” como dice la hoja de sala de la exposición. Para el artista “ese blanco es el silencio, pero también se ven los negros que llegan de afuera y entran”, porque él sabe que “todos tenemos luz y oscuridad por igual, pero en estas piezas en específico, quise retratar la luminosidad”.
Así, el público puede recorrer un camino que serpentea entre las pinturas, pequeños cuadros intervenidos que al observarlos detalladamente muestran las imperfecciones de sus materiales: madera, tela, papel.
Convirtiéndose así en un periplo también personal, pues muchas de las piezas que conforman EED-9000 recurren a los símbolos y arquetipos universales de la consciencia, pero también otros provenientes de diferentes escuelas filosóficas como el gnosticismo o la alquimia.
Esa transmutación material tiene un ejemplo claro: cuando se llega a una serie de pequeños cuadros que reúnen las obsesiones personales de Castañeda, en la que la astrología y la astronomía, la filosofía y el arte, lo negro y lo blanco se convierten en música, en vibración pura que cambia el ambiente del museo.
“
La música es algo que está muy cerca de mi proceso creativo. Mi estudio es normal y usualmente trabajo en silencio, pero en ocasiones pongo música que crea otra atmósfera, cambia el ambiente, lo hace distinto”, apunta el artista para quien “eso conlleva algo de ritual. Creo que mi trabajo creativo es muy ritualístico, muy íntimo”, agrega.
La última parte de la muestra organizada por Liquen Agencia de Arte y la Secretaría de Cultura, es un camino flanqueado por esculturas en los que la luz traspasa, se bloquea, se refleja y choca. Estas se inspiraron en los atlantes de Tula, y finalizan en una pintura de gran formato que marca, de nuevo, el comienzo: regresar al inicio a la búsqueda del exterior.
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