La intervención de varios países deudores, en México, fue resultado de el no pago de el gobierno de Juárez. Eso, sumado a los constantes fracasos, saqueos y derrotas, que caracterizaron a los gobiernos democráticos, que siguieron a la independencia, hizo que un grupo de notables pidiera a un cercano al rey de Austria que nos viniera a gobernar.
Antes de esos eventos, Juárez ya se había pronunciado como presidente legítimo e instalado en Veracruz para apropiarse de los ingresos de la aduana del puerto.
Al acercarse a la Ciudad de México, el Ejército, principalmente francés, Juárez y sus cercanos, empezaron su camino a Paso del Norte, (hoy Ciudad Juárez), pues por un lado, la aduana tenía pingües ganancias y también podían recibir el dinero enviado por el gobierno americano.
Y ahí estuvieron Juárez y sus cercanos cuidando el dinero y esperando a que el gobierno de Estados Unidos los salvara, mientras, envío a su familia a vivir en Estados Unidos.
Juárez llegó casi accidentalmente a la Presidencia junto con otros masones, había sido expulsado de México por Santa Ana, y acabaron viviendo en Nueva Orleans esperando dinero para iniciar un revuelta que se logró con la revolución de Ayutla, lo que llevo a la expulsión de Santa Ana. El gobierno resultante promulgó las leyes de reforma, algo que llevó a otra confrontación entre grupos masónicos , que luego se declararon liberales y conservadores.
Entre la sucesión de cabezas en gobierno, en una quedó Juárez como presidente de la Suprema Corte, y en la siguiente, como presidente interino, de ahí, solo Dios lo pudo quitar.
Habiendo derrotado al Ejército interventor, ( ya con amenaza del gobierno gringo, que había resuelto su guerra de secesión), Juárez volvió a Palacio Nacional, se aposentó y se dispuso a disfrutar el poder, olvidando la gratitud a quienes lo mantuvieron vivo y lo hicieron volver a la silla presidencial.
Se preocupó de que su descendencia se casara con gente blanca o extranjeros, y la muy escasa obra pública, tuvo participación de parientes o cercanos a él.
A los combatientes nunca se les pagaron las deudas de haberes, eso los llevó a convertirse en maleantes, era muy alta la probabilidad de ser asaltado o muerto, si se emprendía un viaje.
Al morir Juárez, dejó un testamento describiendo 12 millones de dólares.
Lerdo sustituyó a Juárez con las mismas ganas de no hacer nada hasta que Porfirio Díaz lo derrocó y metió orden con la policía rural y en corto tiempo, se recuperó la paz.
AMLO muestra el mismo amor al dinero, mismo rechazo al mestizaje, mismas ganas de no hacer nada útil, mismo desdén a la obligación de proteger las vidas de los ciudadanos, solo proyectos faraónicos, que no servirán.
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