Víctor Küppers, especialista en psicología positiva y quien se ha convertido hoy en una de las voces más influyentes del desarrollo personal, insiste desde hace tiempo en que hay que desmontar la idea de la felicidad permanente. Y lo hace porque cuestiona la obsesión contemporánea que vivimos hoy en día por aparentar un bienestar constante, y reivindica una forma de felicidad más realista, basada en la coherencia personal y en el cultivar vínculos que aporten sentido incluso en los momentos más difíciles.
Él afirma que: “La vida tiene más que ver con ser buena persona y ayudar a otros, que estar siempre riendo y contento”.
Y considero que es importante y necesario que pongamos este tema en nuestras mesas y conversaciones, porque hoy se sobrevalora el término de la felicidad, más allá de la congruencia, y porque es necesario que busquemos entender que sentirnos bien no es lo mismo que estar contento, sino que el sentirnos bien está más conectado con cultivar valores profundos y vivirlos.
Küppers reconoce que todos nos confundimos al etiquetar con la palabra “positiva”, una palabra que, según confirma él, distorsiona el propósito real del enfoque. “La psicología positiva… parece que se trata siempre de estar contento, riéndote, siendo feliz, del entusiasmo, y no va por ahí, porque en la vida no siempre se puede ser feliz”. Esto lo argumenta en su conversación con Uri Sabat en el podcast La Fórmula del Éxito.
Y considero maravilloso y fundamental identificar que la psicología positiva no elimina el malestar, sino que ofrece recursos para atravesarlo, sin caer en el derrotismo ni en el positivismo tóxico.
En esa charla, comparte una experiencia familiar profunda sobre cómo sus abuelos vivían en guerra, pero aunque era imposible estar felices, estaban orgullosos de su manera de ser, de vivir y de lo que hacían por ayudarse unos a otros. De aquí parte el concepto de la alegría profunda frente a la felicidad obligatoria.
La felicidad es un concepto que no puede afirmarse como algo permanente, como lo decía Küppers: “La vida yo creo que va más de eso, de la alegría… y tiene más que ver con ser buena persona, con ayudar a los demás y no con estar siempre riéndote, alegre, contento”. Este planteamiento desplaza el foco de la euforia pasajera hacia un bienestar más sostenido, más humano y más conectado a los vínculos profundos y afectivos que sostenemos en nuestro día a día.
Küppers habla también de la llamada “alegría profunda”, un término asociado a la oxitocina, esa hormona que aparece en momentos de ternura y conexión.
Qué maravilla poder soltar esa idea que nos causa una sobreexigencia en torno a la felicidad permanente, porque nos confirma que la plenitud no depende de que todo vaya bien, sino de actuar con coherencia, de cuidar a los demás y de mantener hábitos emocionales que nos permitan reaccionar con equilibrio, incluso cuando la vida se nos pone difícil.
En esa línea, introduce uno de los aprendizajes que más repite en sus conferencias: la importancia del esfuerzo sostenido. “A fuerza de repetición… los hábitos son repetición, repetición, repetición”, recuerda, subrayando que el crecimiento personal depende más de la constancia.
Así que nuestra constante sea vivir con esa conciencia de que nuestro bienestar emocional florece cuando nuestras acciones van más alineadas a nuestros principios, buscando vivir una vida más auténtica, y con la premisa de que la felicidad no siempre brilla, pero la bondad siempre ilumina, incluso en los días más dolorosos o difíciles.
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