En las sombras, aprovechando que las sesiones virtuales generan todavía menos expectativa de la que generaban en su día las sesiones presenciales antes de la pandemia, la fracción parlamentaria del PAN en el Congreso del Estado ha presentado tres iniciativas en el último mes que mueven a la reflexión.
Se trata, a grosso modo, de hacer una separación y por lo mismo una discriminación entre matrimonio igualitario y matrimonio heterosexual en Coahuila, asimismo de tapar lagunas legales que pudieran existir en la legislación vigente, a fin de impedir y criminalizar el aborto en cualquier circunstancia (bajo una supuesta “protección a la maternidad”), y finalmente permitir a los ciudadanos la portación de armas de fuego en sentido amplio, sin restricciones.
Lo anterior constituye un combo para negar derechos adquiridos y bloquear demandas populares, a contracorriente del concierto mundial y nacional. En pocas palabras: un despropósito. Lo curioso es que los panistas no han cacareado los temas en medios de comunicación a su alcance, quizá previendo una reacción de la opinión pública adversa a sus intereses.
Las propuestas en conjunto, sin embargo, representan una declaración de principios y un mensaje grupal: “esto somos”, así pasen desapercibidas entre asuntos generales y rutinarios, casi sin reflectores (contrario al lucimiento personal que sus protagonistas habitualmente persiguen en época electoral).
Y en el fondo es un asunto de cálculo político. O de pérdida de brújula, según se vea. Radicalizarse o desaparecer; dejar de perder, o tratar de recuperar en un momento dado, al votante cautivo que antes simpatizaba con el PAN y al no encontrar eco de sus inquietudes en la cúpula del partido –en la esfera estatal y nacional– migró al proyecto fallido de México Libre y específicamente con la organización Frenaaa.
Por el contrario, los simpatizantes y militantes panistas que migraron hacia Morena y el PRI son causa perdida para el partido. No van a ir por ellos. Los consideran pérfidos, desleales, ingratos, oportunistas.
En resumen, es un giro hacia el extremo derecho del tradicional espectro ideológico (pese a que “izquierda” y “derecha” ya no son posiciones que representen fielmente una ideología; aunque como escribiera el politólogo Giovanni Sartori: “en el nivel de la política de masas siguen vivas porque son como una brújula: nos orientan, y también constituyen una identificación que nos ancla a algo”).
Al realizar ese viraje, no obstante, el PAN presenta su cara más confesional, dogmática y fundamentalista, y evidencia un pensamiento sectario, elitista en la toma de decisiones, cerrado a otras formas de convivencia. Tratando de imponer las suyas a la mayoría, o negar la existencia de las minorías.
Ni en Guanajuato, la cuna del panismo más conservador, se discuten ahora mismo estos temas. Ya ni la Iglesia Católica en voz de su líder, el papa Francisco, niega derechos a los homosexuales, como declaró el pasado 22 de octubre.
Si bien es positivo tener ideas propias y personalidad para no dejarse influenciar por las mayorías, particularmente cuando estas podrían incluso estar equivocadas, en este caso ni siquiera cabe un debate sobre diversidad.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido desde 2015, por ejemplo, una tesis jurisprudencial (43/2015, Primera Sala) que declara inconstitucionales los códigos civiles de aquellos estados donde el matrimonio es entendido como la unión entre hombre y mujer, pues tiene como finalidad la procreación.
Así que mi opinión, la suya o la de Marcelo Torres Cofiño, el creador de esta iniciativa, salen sobrando en términos legales.
El colofón ha llegado el mismo miércoles 11 de noviembre cuando Juan Carlos Guerra, panista que representa el Distrito 14 de Saltillo, propuso que cualquier ciudadano pueda poseer un arma de fuego para protección personal, sin valoración previa de la Secretaría de la Defensa Nacional. Es decir, simplemente bastaría con argumentar “la necesidad” de portarla, lo cual en términos de seguridad pública significa pretender apagar el fuego con gasolina.
Cortita y al pie
Justo es decirlo: es previsible que a escasos 45 días de concluir la Legislatura LXI las referidas iniciativas queden guardadas en la congeladora legislativa, pues el tiempo apremia y en el horizonte hay discusiones trascendentales como el Presupuesto de Egresos para 2021, o actividades obligadas como los informes anuales.
Por si fuera poco los 25 nuevos diputados no suelen retomar asuntos previamente tratados por sus antecesores y guardados en la cartera, al no ser de urgente resolución.
Por el contrario, cada uno, particularmente al principio de su representación popular, intenta mostrar un estilo personal de legislar, generalmente activo y novedoso, y posteriormente se vuelve un legislador más, autómata, amodorrado en su curul, centrado en cuestiones de coyuntura e intereses de grupo. Es el ciclo vital del diputado local, independientemente del partido político que lo haya postulado.
Entonces, en la oscuridad, ¿pretenden los panistas construir una agenda legislativa cuando solo quedan siete semanas de trabajo? ¿Con el respaldo de quiénes?
La última y nos vamos
No hay secretos en su actuación: en Coahuila el PAN es un partido que no gana ni ganando y que solo busca incomodar al poder para acomodarse con el poder.
Pero sus últimas iniciativas en el Poder Legislativo llaman la atención ya que dibujan una sociedad retardataria, armada y negacionista, como si se tratase de rancheros republicanos de Texas.
Esas características, cabe señalar, no están en la idiosincrasia natural del coahuilense, por tanto no es necesario forjárselas de manera artificial a través de proposiciones ociosas y lo peor de todo: peligrosas.
Particularmente cuando sus autores, Marcelo Torres Cofiño y Juan Carlos Guerra, aspiran a las candidaturas para las alcaldías de Torreón y Saltillo,
respectivamente, en 2021.
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