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La Casa de los Sustos

Por Francisco Martín Moreno

Hace 4 años

Como novelista, dedicado felizmente a recrear el mundo de la ficción, echo a andar la imaginación para suponer un escenario jurídico, en el que un 70 millones de la Lista Nominal de Electores votara entusiasmado por revocarle el poder a López Obrador con el ánimo de cancelar uno de los peores mandatos de la dolorida historia de México.

Supongamos sin conceder, como decimos los abogados, que una vez conocida la afortunada derrota de AMLO a raíz de una consulta de extracción chavista inviable en los países democráticos, éste alegara un nuevo fraude electoral cometido por las autoridades del INE. Supongamos que el mismo 10 de abril los mexicanos, amantes de la libertad y del progreso, disfrutaran la inmensa alegría de haberle revocado a AMLO su mandato para cancelar la aterradora hemorragia nacional. AMLO interpondría el mismo día 11 una demanda ante el tribunal electoral (TEPJF) para solicitar la anulación de la consulta con arreglo a la vieja estrategia de revisar voto por voto, casilla por casilla, por lo cual, la resolución del INE no quedaría firme hasta en tanto dicho tribunal no resolviera las impugnaciones que se hubieren interpuesto.

Una vez emitida una sentencia inapelable por la Sala Superior del Tribunal Electoral que revocara el mandato de AMLO, el entorno jurídico se complicaría: el artículo 84 constitucional establece que el presidente del congreso estará obligado a nombrar en los 30 días siguientes a quien concluiría el periodo constitucional de AMLO, para lo cual se requerirá de dos terceras partes del Congreso, o sea, la mayoría calificada, con la cual Morena, afortunadamente, no cuenta. Asistiríamos entonces a un escenario político nunca antes visto en la carpa de San Lázaro, en razón de los jaloneos, los insultos y las amenazas para lograr el nombramiento de un presidente neutral, ajeno a la 4T, que reiniciara el complejo proceso de reconstrucción de México.

Pero existe otro exquisito entuerto: debe aducirse que el propio Congreso en 2018 emitió una norma jurídica para nombrar Presidente a AMLO y ahora, en 2022, el Congreso emite una nueva resolución para nombrar a otro Jefe del Ejecutivo, ya no por 6 años, sino para concluir el mandato del primero. Entonces, ¿cuál de las 2 resoluciones sería válida, la de 2018 o la del 2022? Se trata de normas jurídicas de la misma jerarquía. La controversia constitucional tendría que resolverla el Congreso. Menudo intríngulis.

Si una vez nombrado el sucesor de AMLO, éste se aferrara al escritorio presidencial a pesar de sido derrotado en todas las instancias jurídicas, no cabría la interposición de un juicio político en su contra porque a aquél ya se le habría sido revocado su mandato, pero al mismo tiempo, el artículo 110 de la Constitución no contempla la posibilidad de enjuiciar al Presidente de la República, por lo que AMLO sería un simple usurpador de poderes federales. Para desalojarlo de Palacio el Congreso tendría que demandar ante el poder judicial el desacato a la norma jurídica que hubiera nombrado a su sucesor, oportunidad dorada que AMLO podría aprovechar para interponer una controversia constitucional con la esperanza de que la Corte atrajera el asunto para poder chantajear por lo menos a 4 ministros de los 11 con el objetivo de obligarlos a declarar la nulidad de la norma expedida. De tener éxito esta chicana jurídica tendríamos a un Presidente legalmente nombrado por el Congreso que no podría tomar posesión porque la Corte dejó sin efecto la norma que lo nombró y, por el otro, a un dictador instalado por la vía de los hechos, en Palacio.

Nunca pasó por la mente de nuestros legisladores ancestrales que uno de nuestros jefes de Estado, roto por dentro, mandaría al diablo a las instituciones de la República y con ello también a la patria, tal y como acontece en nuestros días. Si Trump pensó en eternizarse en la Casa Blanca, ¿por qué razón AMLO no podría intentarlo?

Soy novelista, aceptado, pero el lector que habita en la casa de los sustos, en donde todo es posible, según la patética realidad que padecemos cotidianamente, tiene la última palabra. Por lo que hace a mi persona, espero que AMLO encuentre las urnas vacías el próximo domingo. Así sea.

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