Es probable que algún periodista de nota roja, inspirado en la película mexicana Las Cariñosas (1979), haya aplicado este adjetivo a la banda de mujeres delincuentes que opera en Saltillo.
La ciudad de Saltillo se posiciona de manera consistente como una de las capitales estatales con mejor percepción de seguridad en México. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi (2025), registra una de las tasas más bajas de percepción de inseguridad (23.5%). Sus autoridades presumen de haber formulado políticas públicas que, en el corto plazo, han dado resultados tangibles: reducciones del 50% en homicidios, 32% en robos a casa habitación, 38% en robos a negocio y 13% en robos de vehículos.
En contraste, México sigue enfrentando altos niveles de violencia letal. La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2025 reportó que uno de cada tres hogares tuvo al menos una víctima de algún delito, con un incremento nacional del 3.5% respecto al año anterior. De allí que los indicadores de Coahuila destaquen y, en el ámbito político, se magnifiquen.
Origen saltillense
Históricamente, mujeres dedicadas al trabajo sexual -llamadas “alegradoras” en la Ciudad de México de principios del siglo 20- combinaban la seducción con el robo en cabarets y zonas de tolerancia, tal como documentan crónicas policiales y estudios académicos de la época. Es un hecho comprobado que en 2014 comenzó a operar en Saltillo la llamada Banda de las Cariñosas, un modelo delictivo que se consolidó en la capital coahuilense y cuya fama trascendió fronteras. Sus características la distinguen de otras formas de delincuencia patrimonial y la autentican como un fenómeno local.
La economía del engaño
Hace algunos años surgió un movimiento en favor de la legalización de las drogas de mayor consumo en Estados Unidos, encabezado por expresidentes latinoamericanos -entre ellos economistas de renombre-. La hipótesis era clara: las ganancias de los narcotraficantes desaparecerían, o al menos disminuirían drásticamente, si los precios de las sustancias sicotrópicas fueran regulados por el mercado formal. De esa manera, se eliminarían los incentivos para su comercialización ilícita. Sin embargo, las propuestas del grupo mexicano y sudamericano se diluyeron y fueron olvidadas.
El propio mercado, junto con la capacidad de adaptación de la delincuencia hacia otras áreas de la economía -como la agricultura, la minería o el transporte-, se encargó de sepultarlas. Algo similar ha ocurrido en Saltillo: se ha transitado de la violencia física al fraude afectivo, representado por las “cariñosas”, quienes con astucia y manipulación emocional han convertido la seducción en un instrumento de despojo.
Testimonio de una víctima de las ‘caricias fingidas’
Un hombre cercano a los 60 años, con formación universitaria y estudios de posgrado en el extranjero, aún no logra explicarse cómo, a plena luz del día, fue despojado de efectivo y tarjetas de crédito en menos de 5 minutos. Así relata el episodio:
1.- Desde la vidriera de un local en renta observó cómo dos mujeres descendieron apresuradamente de un taxi amarillo de manufactura japonesa y se dirigieron hacia él.
2.- Una de ellas, más joven que su compañera, destacaba por su presencia física. Ambas vestían pantalones, blusas abotonadas y tenis, atuendo práctico que facilitaba la movilidad.
3.- La primera mujer, como si conociera el lugar, entró al baño y se sentó en el retrete con la puerta abierta, generando un ambiente de aparente confianza y distracción.
4.- Mientras tanto, la otra se acercó al hombre con gestos insinuantes, aprovechando la cercanía física para introducir la mano en los bolsillos de su pantalón y sustraer discretamente sus pertenencias.
5.- Lo más sorprendente para la víctima fue la rapidez con la que la mujer extrajo de su billetera lo de mayor valor comercial, dejando intactos los objetos de carácter simbólico -estampas, fotografías- y devolviendo la cartera a su lugar sin que él lo advirtiera.
6.- Ambas salieron de inmediato del establecimiento, y es muy probable que el taxi y su conductor las aguardaran a corta distancia para facilitar la huida.
Constantes en los robos femeninos desde 2014
a).- Perfil de las víctimas: hombres que se encuentran solos, con especial incidencia en adultos de edad avanzada.
b).- Contexto de ejecución: los robos ocurren en áreas urbanas y a plena luz del día, a diferencia de lo documentado en la Ciudad de México, donde suelen darse de noche y en zonas de prostitución o cantinas.
c).- Composición del grupo delictivo: dos mujeres que ejecutan el atraco y un cómplice masculino, quien funge como chofer y facilitador logístico.
d).- Modus operandi no violento: las víctimas no son agredidas físicamente ni insultadas, lo que refuerza la apariencia de un acercamiento “amistoso”.
e).- Herramientas de ataque: la sorpresa y la seducción son utilizadas para generar distracción y aturdimiento en el objetivo, lo que facilita el hurto.
f).- Destreza manual: las delincuentes muestran una extraordinaria habilidad en el manejo de las manos, evocando la figura del célebre “ladrón de manos de seda”.
La internalización del modelo de las ‘cariñosas’
Sin saber con exactitud cómo ni cuándo, el modelo trascendió las fronteras nacionales. La nota roja de periódicos en Cali, Colombia, describe atracos posteriores a 2014 que parecen casi calcados de los sucedidos en Saltillo. Las estafas románticas -dirigidas a corazones nobles e ingenuos- se adaptan con facilidad a las culturas de distintos pueblos. La seducción y el engaño se convierten en un lenguaje universal del delito.
Un ejemplo ilustrativo, muy difundido en el norte de México, es el del varón que entabla conversación con una mujer recién conocida en un bar. El encuentro parece fortuito, pero pronto se transforma en una trampa: aparece un supuesto marido que los sorprende, generando intimidación y aprovechando la situación para consumar el fraude.
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