Nacional
Por Federico Muller
Hace 6 meses
“Estamos en busca de que pegue la ‘L’ con el coach Frank”.
Octavio Pimentel Martínez. rector de la UAdeC.
A medida que la Liga Mayor del futbol americano colegial en México ha evolucionado hacia mayores niveles de exigencia competitiva, destacan dos entrenadores de referencia cuyas trayectorias difícilmente se repetirán en el horizonte deportivo: Jacinto Licea y Frank González. No se trata de la ausencia de talento en las nuevas generaciones de entrenadores, sino de las condiciones estructurales del propio sistema.
En la actualidad, factores como la infraestructura deportiva -estadios, instalaciones de entrenamiento y gimnasios-, los esquemas de reclutamiento, el número y monto de las becas, así como la amplitud de los cuerpos técnicos, tienen un peso determinante en el rendimiento de los equipos. En términos prácticos: sin presupuesto ni infraestructura suficientes, las capacidades individuales de un entrenador encuentran límites claros para desarrollarse plenamente.
Dos coyunturas socioeconómicas
Entrenadores históricos, Jacinto Licea y Frank González supieron maximizar las coyunturas socioeconómicas. Licea llevó a las Águilas Blancas y Burros Blancos del IPN a conquistar nueve campeonatos de la Liga Mayor. Tras la creación del Instituto Politécnico Nacional en 1936-1937, miles de jóvenes de familias trabajadoras migraron a la capital para continuar sus estudios. Muchos combinaban la escuela con un empleo remunerado; los más atléticos gestionaban becas e ingresaban a equipos de futbol americano. Tener asegurada la comida en los comedores del IPN representaba un gran alivio en sus precarios presupuestos.
Ese semillero nacional de estudiantes, sumado al talento de Licea para potenciar a los muchachos de provincia, cristalizó en equipos campeones. Décadas después, tras la entrada en vigor del TLCAN en 1994, la economía regiomontana se potenció con inversiones extranjeras. El Tec de Monterrey aprovechó esa coyuntura para fortalecer su programa de becas y su prestigio institucional. Bajo la dirección de Frank González, los Borregos Monterrey conquistaron varios títulos nacionales, consolidando la hegemonía privada y desplazando el histórico predominio de la UNAM y el IPN.
¿Por qué fue contratado Frank González como entrenador?
Frank González es uno de los entrenadores más exitosos en la historia del futbol americano colegial en México. Durante su etapa al frente de los Borregos Salvajes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (campus Monterrey), condujo al equipo a 11 campeonatos nacionales en un periodo aproximado de 15 años, consolidando una de las dinastías más dominantes en la Liga Mayor.
Diversos analistas deportivos lo consideran una figura clave en la transformación del modelo competitivo del futbol americano universitario, particularmente en el fortalecimiento de las universidades privadas, cuyos programas comenzaron a disputar -y eventualmente a superar- la hegemonía histórica de instituciones públicas como la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional.
En agosto de 2025, ya con más de 65 años de edad, González firmó un contrato con la Universidad Autónoma de Coahuila, en una decisión que fue interpretada como un intento estratégico por elevar el nivel competitivo del programa. La noticia sobre las condiciones económicas de su contratación fue difundida inicialmente por un columnista de Milenio y retomada por otros medios, entre ellos el diario Zócalo.
De acuerdo con dicha versión periodística, el paquete incluiría un salario mensual de 122 mil 500 pesos, además de un equipo de trabajo conformado por asistentes y personal técnico, lo que elevaría el gasto total a cerca de 600 mil pesos mensuales (más de 7 millones de pesos anuales). No obstante, es importante subrayar que esta información no ha sido confirmada, ni desmentida oficialmente por la universidad, ni aparece en los registros públicos de transparencia consultables hasta el momento de la elaboración de este artículo. En ese sentido, las cifras deben considerarse como estimaciones provenientes de fuentes periodísticas. De confirmarse, González se ubicaría entre los entrenadores mejor remunerados dentro de la estructura deportiva universitaria en México, y su contratación representaría una apuesta significativa -tanto en lo deportivo como en lo financiero- por parte de la Universidad Autónoma de Coahuila.
¿Qué probabilidades existen de que esta institución forme parte de la élite?
Un viejo y experimentado entrenador de futbol americano de una de las escuelas de la UAdeC, ya jubilado, ofrece un punto de vista sobre las posibilidades de ingreso de los Lobos a la máxima categoría. Según él, la ubicación geográfica de las tres unidades universitarias -Laguna, Norte y Saltillo-, separadas por cientos de kilómetros, dificulta la concentración de talento y la formación de un roster competitivo para la Liga Mayor. “En el corto plazo no veo ninguna probabilidad real de ascenso”, afirma. “En el mediano y largo plazo las posibilidades van de bajas a moderadas, siempre y cuando haya un compromiso presupuestal sostenido y se resuelva el problema de la dispersión geográfica”.
Esta visión coincide con una realidad estructural difícil de ignorar: todas las sedes de los equipos que actualmente integran los 14 Grandes (Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla, Cancún y Mexicali) pertenecen a ciudades o regiones con presupuestos municipales y universitarios considerablemente mayores que cualquier localidad de Coahuila. En 2024, por ejemplo, el presupuesto anual de la UNAM fue aproximadamente 14.6 veces mayor que el de la UAdeC; el del IPN, unas 6 veces mayor; y el de la UANL, cerca de 5 veces superior. Esta brecha presupuestal se traduce directamente en diferencias de infraestructura, capacidad de becas, reclutamiento y profesionalización de los staffs técnicos.
En 2024, “la matrícula estudiantil fue de aproximadamente 373 mil alumnos en la UNAM, 210 mil en el IPN, 219 mil en la UANL y 39 mil en la UAdeC. Esto significa que la UNAM tuvo casi 10 veces más estudiantes que la UAdeC, el IPN unas 5 veces más y la UANL, alrededor de 6 veces más”.
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