Hace poco más de 500 años, un acontecimiento histórico cambiaría el rumbo del destino de nuestros antepasados, la caída de Tenochtitlan. El 13 de agosto de 1521, la capital de la civilización mexica se rindió ante el asedio de los conquistadores, al mando del español Hernán Cortés.
La grandeza y riqueza del imperio azteca no sólo se encontraba en el oro, la educación era un elemento fundamental en el desarrollo de las ciudades. Tenochtitlan mostraba que los indígenas contaban con un gran avance político y organizacional, además de una sociedad militar y un culto a la guerra.
La educación de los niños aztecas se encontraba dividida por jerarquías. Los hijos de los nobles (la clase alta), eran educados desde los 6 a los 15 años en el Calmécac, todos los demás recibían su enseñanza en el Telpochcalli.
Lo anterior no significaba contar con más privilegios para unos o para los otros, al contrario, la severidad de la disciplina y los castigos variaban según la responsabilidad y rol que asumiría cada joven ante la sociedad; los correctivos iban desde pinchazos en el cuerpo con espinas, hasta la semiasfixia con humo; y para los jóvenes del Calmécac, la embriaguez o la conducta indebida estaba prohibida, por lo que las sanciones llegaban incluso a la muerte.
En el Telpochcalli, los estudiantes aprendían un oficio al que se dedicarían el resto de su vida, pero como se trataba de un pueblo dedicado a la conquista, recibían instrucción para la guerra y el uso de armas que, además, era un medio por el que podían escalar en el rango social.
Por su parte, el Calmécac era el espacio en el que se formaba a los nuevos sacerdotes, jueces, estrategas y gobernantes, por lo que la exigencia era mayor, aprendían teología, música, historia, economía, astronomía, ritos, lenguaje de cultos y matemáticas.
El trabajo femenino era importante para la economía del pueblo. Las mujeres estaban integradas a la fuerza de trabajo y realizaban actividades como tejedoras, hilanderas y costureras. Algunos vestigios indican que también se integraban como maestras, de las dos escuelas, pues tenían un alto grado de conocimiento sobre el cuerpo humano, la herbolaria, las plantas medicinales y los rituales.
En el Calmécac, a las mujeres se les educaba para ser tlacuilos, pintaban códices y las preparaban en aspectos políticos y económicos, para plasmar en sus obras, las circunstancias por las que atravesaba su pueblo.
La educación a las mujeres se daba en templos, en escuelas y en la casa, sobre culto, disciplina y orden. El Ichpochcalli recogía a mujeres plebeyas entre 12 y 13 años para el servicio a su dios y en Cuicacalli, se les educaba en la danza y el canto. Es poco conocido el papel de la mujer en la época prehispánica y mucho se discute sobre la importancia del rol que jugaban. Lo cierto es que se han hallado documentos que confirman que antes de la llegada de Cortés hubo mujeres gobernantes, como Xiuhtlacuilolxochiltzin (en el 813 en Cuatitlan), Papantzin (en Texcoco), Malinalxochitl (1286) y Atotoztli (entre 1469 y 1481)
Sabemos que una de las formas de conocer a una sociedad, es adentrarse en su sistema educativo, a través de él podemos entender las condiciones de los grupos sociales, las jerarquías y la ideología. La educación es la forma en la que se va moldeando a los integrantes de una comunidad para amalgamar la cultura de un pueblo y su legado.
La codicia de los hombres que llegaron a saquear los tesoros del pueblo mexica y su estratégica alianza militar con los pueblos subyugados, precipitó la caída del imperio en una fecha como hoy.
Pero a pesar de ello, el hecho mítico de la fundación del imperio azteca y la capital de la civilización mexica, anunciada por Huitzilopochitl, “el águila sobre el nopal devorando la serpiente”, sigue siendo desde 1325, en el emblema que distingue nuestro país y nos recuerda las raíces de nuestra cultura y educación.
Más sobre esta sección Más en Coahuila