“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”.
La farsa es un género literario donde algunos de sus personajes son fácilmente reconocibles y exagerados porque parten de un prejuicio social.
En su revista Letras ibres el escritor conservador Enrique Krauze certifica la legitimidad del carisma de Xóchitl Gálvez al decir que ella no cree ser representación del pueblo sino que es parte natural del pueblo y y de ahí viene su carisma “mujer, de origen modesto, indígena, sojuzgada, estudiante, ingeniera, empresaria y funcionaria pública… es una metáfora del mexicano que busca una vida mejor.” y es que ante sus ojos ajenos, el pueblo es inculto, ocurrente, soez, ignorante, pícaro y que mejor que construir un personaje farsico con todas esas características.
El problema es que desde el privilegio que pretenden mantener a toda costa se aislaron de la realidad nacional y por lo tanto están impedidos para ver al pueblo bueno y sabio que nosotros acompañamos, si acompañamos porque el movimiento de transformación lo que pretende es acompañar las causas del pueblo desde sus necesidades y este ha sabido de manera indudable reconocer a quien representa sus justas demandas.
Las mujeres luchamos por un reconocimiento y éste sólo puede hacerse desde la izquierda de una manera transversal con la causa de las trabajadoras, donde más allá del origen que puede ser modesto o no, importa el objetivo y el lado en la lucha popular. Algo imposible de encarnar en la frase de “van a decir que no soy mujer, porque tengo huevos y vaya que muchos”.
Quizá lo más terrible de esta farsa es la apropiación cultural de los pueblos originarios en la construcción de este personaje y asumir que por ese origen tiene que vestir huipiles, y hablar con torpeza y majadería.
Los rasgos de estudiante e ingeniera con los que también pretenden disfrazarla han quedado desmentidos por otra de sus frases: “me apendejie” con la que pretende minimizar el acto deshonesto de robarse las ideas de otros al plagiar una tesis universitaria.
Y no, tampoco es una empresaria y servidora pública, sino alguien que aprovechó los cargos públicos para enriquecerse de manera ilegal y deshonesta haciendo negocios al amparo del poder.
Y es desde ahí donde se impulsa esa impostura que intenta plagiar la esperanza de México como lema, a decir de Krauze “en este lugar entrañable que se escribe con X” asumiendo con ingenio que es de Xóchiltl cuando todos sabemos que tanto él como ella pronuncian la de Claudio X González.
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