Por: Cynthia Robleswelch
Mi papá es amante de la música, había guitarras clásicas en mi casa, pero nunca se
me ocurrió ni se les ocurrió exponernos a ellas. Nos contagió de buena música,
rock y bohemia eran su gusto.
Pero mi primer instrumento fue la flauta que se compró como requisito para
secundaria.
Esa flauta dulce, con perdón de mi maestra, fue un martirio, nunca
logré tenerle aprecio y para lo único que la usaba con certeza era para darle unos
flautazos a Gines, un amigo de la infancia que me sacaba de quicio. Más tarde,
cuando estaba como en los 15, tuve acceso a un piano, pero no a tocarlo.
Pedí muchas veces clases de piano, pero en ese momento no fue atendida mi solicitud y
no era un buen momento familiar. Aprendí sola a tocar losChanguitos. Ya como
en los 20 se me ocurrió tomar el toro por los cuernos, me metí a clases de chelo, la
maestra me dijo: “Creo que tienes que hacer tu mayor esfuerzo” y de verdad lo
estaba haciendo, a las tres clases me pidió que me retirara. En los 30, en una de las
crisis más fuertes de mi vida, le hablé a mi papá y le dije, “ya lo decidí, me voy a
comprar una guitarra y voy a tomar clases, ¿qué opinas?” y él me dijo, “yo creo
que mejor busca otra cosa”, con todo y su recomendación compré mi guitarra y
por más que quise no entendía nada de mi clase. Entonces, decidí rascarle yo sola
y jugar con ella y con mi Rocco, esa guitarra pasó a ser uno de sus primeros
instrumentos.
La poníamos en el suelo y él la rascaba, mi papá se infartaba cada
que la veía en el piso. Hace ya casi un año decidí acompañar a mi hijo a sus clases
de música y me metí a una clase de prueba, batería, ahí fue mi primer encontrón
con el tiempo, este instrumento me mostró que la coordinación y las habilidades
motoras se van perdiendo y para darle a la bataka se necesita práctica y
dedicación. La clase me estresó tanto que decidí que no era el momento…
Reflexiono sobre este peregrinar y me pregunto ¿cuál fue la razón para que yo no
lograra aprender a tocar un instrumento? había intención y ganas. De repente
escucho el sonido de una flauta, es el Himno a la alegría, lentamente me acerco y
a lo lejos lo veo concentrado, no era una flauta dulce, era un flauta que venía en
unos dulces, pequeñita de color naranja.
Nuestra casa está llena de instrumentos, armónicas, piano, maracas, guitarra,
ukelele, claves, instrumentos por doquier, a Rocco en su proceso educativo la
música y, especialmente, la flauta han sido muy significativos. Su maestro ha
sabido cómo hacer para que él le agarre el amor y sea para él una gran medicina,
un detonante de alegría y un acompañante en los momentos de relajación y de
diversión. La música en su vida se ha convertido en un vínculo con su familia, con
el arte, con la felicidad y creo que es una de las herencias más grandes que le
puedo dejar.
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