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La guerra de Claudia Sheinbaum

Por Carlos Loret de Mola

Hace 2 dias

La Presidenta de México le declaró la guerra al crimen organizado. Lo hizo desde el arranque de su Administración y se empezaron a disparar las cifras oficiales de criminales detenidos y narcolaboratorios desmantelados: en tan sólo año y medio del Gobierno de Claudia Sheinbaum hay más del triple de personas detenidas y casi el mismo número de narcolaboratorios desmantelados que en todo el sexenio pasado. Es la guerra de Claudia Sheinbaum.

El domingo se vivió el episodio más cruento de esta contra el crimen organizado. El Gobierno abatió al narco más poderoso del mundo y también a su número dos. Abatió igualmente al hijo del encargado del negocio de huachicol para esta empresa criminal trasnacional. La respuesta del cártel fue feroz: murieron 25 elementos de las fuerzas de seguridad.

El parte de esta guerra lo dio el lunes, en la conferencia mañanera, el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla:

“Miren, esa Estrategia de Seguridad Nacional: ya van más de 43 mil detenidos, más de 23 mil armas (decomisadas), más de 320 toneladas de droga asegurada. También laboratorios de metanfetaminas y centros de producción, más de 2 mil. Todo es producto de una estrategia que se implementó a partir del 1 de octubre”.

Sí. La estrategia cambió el 1 de octubre de 2024, el día que Claudia Sheinbaum tomó posesión y se abandonó el “abrazos no balazos” de López Obrador.

Basta revisar los índices de letalidad en Sinaloa: la presencia de las fuerzas del orden ha sido a sangre y fuego para tratar –aún sin lograrlo– de pacificar el estado. Es una guerra.

La guerra de Claudia Sheinbaum ha implicado también medidas fuera de la ley. El envío de casi 100 capos del narcotráfico a Estados Unidos, sin un proceso de extradición formal, admite de facto la existencia de un estado de excepción en México.

Por esta guerra ha habido asesinatos de alto impacto, como el de Carlos Manzo, del Movimiento del Sombrero. O episodios de amenaza ostensibles, como cuando en septiembre balearon la oficina del secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, principal estratega del Gabinete de Seguridad. Y ha costado la desaparición de más de 16 mil personas, según los datos oficiales.

Y por esta guerra también se han cometido excesos que han sido denunciados. En octubre de 2024, en Nuevo Laredo, miembros de la Guardia Nacional y el Ejército dispararon al perseguir a delincuentes, impactando en la cabeza de la niña Lidia Iris que iba en camioneta con su abuela, y la mataron.

Un año después, también en Tamaulipas, militares confundieron a civiles con delincuentes en Estación Manuel matando a seis trabajadores agrícolas inocentes.

Es cierto que en el combate a la narcopolítica, este Gobierno todavía tiene mucho que avanzar, pero también es cierto que los expedientes de La Barredora y el “huachicol fiscal” en la Marina, si bien han perdido impulso, fueron conformados por esta Administración y han evidenciado a dos pilares del régimen anterior: un secretario de Gobernación y un secretario de Marina.

Pero si nada como pato, camina como pato y le hace como pato, es pato… aunque el pato diga que no. Y esto es la guerra de Claudia Sheinbaum.

 

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