¿A cuántos familiares o amigos nos arrebató la guerra contra el narcotráfico? Vamos a recordar por un momento la tristeza o angustia que nos generó el secuestro, asesinato o desaparición de alguna persona conocida en nuestros círculos sociales, por muy doloroso que sea. O bien, recordemos la desesperación de escuchar un enfrentamiento armado y no tener la facilidad de comunicarnos con nuestros seres queridos para asegurarnos de que se encontraran bien.
Esta semana declararon culpable a Genaro García Luna por todos los cargos que se le imputaron. Y no hace falta preguntar a los cientos de miles de familiares de las víctimas su opinión al respecto, pues ellos o ellas siempre supieron que toda esta guerra fue una mentira plagada de corrupción e impunidad. Quizá quienes no perdimos un familiar directo, nos llegamos a convencer de la narrativa simplona sobre enfrentar a los malos, pero quienes sufrieron una pérdida, sabían que la farsa de la valentía y el heroísmo estaban cobrando la vida de personas inocentes.
El Secretario de Seguridad se sentaba en restaurantes lujosos de la Ciudad de México con los cabecillas del narcotráfico mientras los elementos corruptos de las corporaciones de reacción perseguían a jóvenes que hacían pasar como falsos positivos. Resultó muy sencillo para los narcotraficantes uniformados calificar como malandros, pandilleros o cholos a jóvenes que no tenían las relaciones políticas o sociales para defenderse. En el mejor de los casos, esos jóvenes pagaron una fianza injusta para salir en libertad, pero también hay cientos de personas que perdieron su juventud y siguen recluidos en los centros penitenciarios injustamente. En el peor de los escenarios, sus restos aún se encuentran en una fosa común esperando ser identificados.
La ligera sensación de bienestar que produce el fallo en contra de García Luna, se comienza a volver borrosa cuando otra vez sale a relucir el Poder Judicial. Ya sea por falta de raciocinio o por corrupción, un juez dio la orden de descongelar las cuentas bancarias de su esposa, un día después de que éste fuera declarado culpable. Sí, el mismo Poder Judicial que esta semana declaró inocente (absolvió) de todos los cargos a Rosario Robles por su participación en la Estafa Maestra, el mismo Poder Judicial que ha dejado libres a los implicados en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa. ¿Quién es el verdadero contrincante del proceso de transformación? ¿Por qué quienes deben dictar justicia, en realidad la están obstruyendo?
Hoy los melancólicos del conservadurismo saldrán a manifestarse presuntamente por su ridículo temor a que nuestro país se convierta en una dictadura. Probablemente algunos ciudadanos desinformados o muy ingenuos saldrán a marchar preocupados de verdad, sin embargo, estarán rodeados de rancios conservadores que aún siguen creyendo que la guerra funcionó porque nunca perdieron a nadie o bien porque independientemente de la violencia, ellos siempre conservaron sus privilegios. Ahora más que nunca, sabemos que todo fue una mentira, una obra de teatro que sólo gustó a corruptos y acomodados. Aunque la sentencia de García Luna es justicia, no sabe a nada. Y no tendrá sentido hasta que no caigan todos los que se enriquecieron con la salud y la sangre de personas inocentes.
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