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La Inteligencia Artificial: ¿progreso o desplazamiento silencioso en la economía y la sociedad?

Por JC Mena Suárez

Hace 1 semana

La Inteligencia Artificial no es un ente mágico ni un robot de ciencia ficción, sino un conjunto de algoritmos y sistemas informáticos diseñados para imitar el razonamiento humano. En esencia, la IA procesa grandes volúmenes de datos para aprender patrones y generar respuestas o acciones. No “nace” de la nada, sino que se construye a partir de datos masivos ingresados por humanos.

Por ejemplo, los chatbots -como ChatGPT o Grok- son interfaces conversacionales que responden a consultas en lenguaje natural. Funcionan así: un usuario ingresa una pregunta o comando (el prompot), el sistema consulta su base entrenada con miles de millones de textos, imágenes y códigos de internet, y genera un resultado coherente, ya sea un texto, una formula matemática o un análisis. Este entrenamiento implica “alimentar” al modelo con información diversa, ajustándolo para que prediga respuestas precisas. Sin embargo, esto no es infalible: la IA depende de datos humanos, por lo que puede reproducir sesgos o errores si la información inicial es defectuosa.

De esta base surgen subproductos y derivados que transforman industrias enteras. La IA genera herramientas para automatizar procesos administrativos, como la gestión de correos electrónicos o la programación de reuniones, liberando tiempo, pero desplazando tareas rutinarias. Plataformas de IA generativa crean textos, analizan datos complejos, escriben códigos de programación o incluso elaboran fórmulas científicas con sólo una descripción.

Estos sistemas “resuelven todo” sin requerir estudio profundo: basta con ingresar los datos necesarios y el resultado aparece de inmediato. Ejemplos incluyen asistentes que generan informes financieros o contenidos creativos, reduciendo la necesidad de expertos en áreas específicas. Los modelos de negocio evolucionan hacia suscripciones -pagas mensuales por acceso premium- y el uso de datos masivos para refinar los algoritmos, creando un ciclo donde los usuarios alimentan involuntariamente el sistema. Esto fomenta plataformas “todo en uno” que prometen eficiencia, pero erosionan la cultura del esfuerzo y el conocimiento propio.

Esta proliferación acelera la concentración de poder económico en manos de unos pocos. Los grandes jugadores con millones de dólares son los ganadores, mientras startups pequeñas desaparecen por falta de capital. Entre 2023 y 2025 corporaciones estadunidenses y asiáticas dominaron el panorama: Google adquirió Wiz por 32 mil millones de dólares para fortalecer su ciberseguridad con IA; Microsoft invirtió en empresas como CyberX y Equivio para IA en ciberseguridad y análisis de textos; y Alphabet compró startups como Galileo AI y MutableAI. China, a través de firmas como Tencent, ha absorbido compañías especializadas en IA aplicada.

Según reportes de PwC y Somo, las “big tech” (Alphabet, Amazon, Apple, Meta y Microsoft) realizaron al menos 191 adquisiciones en el citado periodo, consolidando control sobre datos y talento. Las startups independientes luchan: el alto costo de servidores y entrenamiento (millones en GPU) las obliga a venderse o cerrar, exacerbando desigualdades. Como resultado, el poder se concentra en gigantes que dictan el ritmo de la innovación, dejando a economías emergentes rezagadas.

El impacto laboral es quizá el más alarmante. Hasta 60% de los empleos podría verse transformado o desplazado, una cifra respaldada por encuestas del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), donde 54% de ejecutivos espera despidos por IA. Estudios de Goldman Sachs estiman que la IA podría desplazar 6-7% de la fuerza laboral en EU, pero globalmente, el WEF proyecta 92 millones de puestos perdidos hacia 2030, con 170 millones creados -un saldo incierto.

Los trabajos en mayor riesgo son aquellos rutinarios: manufactura (hasta 2 millones perdidos para 2026, según MIT y Boston University), entry-level en tecnología, data entry, servicio al cliente y roles administrativos. Profesionales blancos como analistas de datos o programadores básicos enfrentan precarización, con un “desplazamiento silencioso” donde tareas se automatizan sin despidos masivos, pero con salarios estancados y mayor informalidad. En México, esto agrava la brecha: el mercado laboral muestra enfriamiento, con empleo formal repuntando levemente (IMSS), pero informalidad creciendo en construcción y servicios, afectando a hombres jóvenes. La IA no elimina empleos enteros, sino tareas, forzando reconversión, pero sin apoyo, generando desigualdad.

En educación, la obsolescencia es inminente. Organismos como la ONU, a través de la Unesco, advierten urgentemente sobre reformar planes de estudio: su Recomendación sobre la Ética de la IA y marco de competencias para estudiantes y maestros urgen a un enfoque humano-centrado. El Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Educación (2024) destaca riesgos como sesgos raciales en herramientas IA educativas, que perpetúan desigualdades. Todo lo que se está estudiando hoy corre el riesgo de quedar en el pasado.

Los estudiantes usan IA para resolver tareas, fórmulas y procesos completos, cambiando cómo aprenden -ya no memorizan, ni razonan profundamente, sino delegan. Esto cuestiona qué profesionales formamos: ¿expertos críticos o dependientes de máquinas? Modelos educativos tradicionales, basados en repetición, quedan obsoletos; se necesitan currículos que fomenten creatividad, ética y alfabetización en IA. Sin reforma, egresados enfrentarían un mercado donde habilidades blandas y humanas son premium, pero muchos llegarán subpreparados.

Para cerrar, una reflexión inquietante: si la IA “lo hace todo”, ¿qué papel queda para el pensamiento humano, la cultura, y el criterio propio? Esta tecnología, impulsada por quienes controlan los recursos, promete utopía, pero arriesga erosionar la esencia humana. Sin regulación equitativa, profundizará brechas; con visión crítica, podría potenciar lo mejor de nosotros. El desafío es claro: reinventar economía, empleo y educación antes de que la máquina dicte nuestro futuro.

 

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