La cárcel municipal de Bravo y Aldama formaba parte de la propiedad original de los Sánchez Navarro, una familia de las más acaudaladas de México, edificio que se iniciaba en Hidalgo y finalizaba en Bravo, abarcando el ala sur de la calle Aldama.
El inmueble todo tiene una interesante historia contada con grandes detalles por Conchita Recio, funcionaria del actual Centro Cultural Vito Alessio Robles, dentro de los festejos del 50 aniversario del recinto en mención en que se ha convertido así, por decisión del gobernador Rogelio Montemayor, siendo secretario de Educación del Estado, Óscar Pimentel González. La vieja casona, una de las mejores conservadas y más antiguas del Centro Histórico, aunque ha tenido remodelaciones en sus interiores.
El primer propietario fue Juan Navarro, uno de los fundadores de Saltillo, el que construyó la finca que tenía entrada principal por Hidalgo y por Bravo, donde estaban las caballerizas. Años más tarde pasó a manos de la familia Sánchez Navarro, y finalmente fue propiedad de Vito Alessio Robles. Después de la muerte del militar saltillense, el inmueble fue ocupado por el Ayuntamiento hasta 1977, en que se terminó de construir el nuevo edificio por el bulevar Coss. Fue utilizada un tiempo como Secretaría de Educación Pública del Estado, que con el paso de pocos años se convirtió en el Centro Cultural Vito Alessio Robles, que fue considerado en ese tiempo por el historiador Charles Harris III, “como la propiedad cultural más grande del mundo de la que se tenga noticias”.
El mural
Junto a Elenita Huerta y dos de sus principales colaboradores, Mercedes Murguía y Cuauhtémoc González, creo yo, debe aparecer como el propiciador del mural que da belleza al recinto, independientemente de sus instalaciones archivísticas, el exalcalde Luis Horacio Salinas Aguilera, quien le ofreció a la pintora saltillense el espacio de las paredes del primer piso para que la artista plasmara uno de los más bellos y representativos murales de la historia de Saltillo desde su fundación hasta hechos recientes.
En 450 metros cuadrados de murales se muestran imágenes que relatan la historia de la ciudad, obra monumental hecha por Elena Enriqueta Huerta Múzquiz de 1973 a 1975, que da a conocer al público los acontecimientos históricos más importantes de la capital.
Es el mural más grande hecho por una mujer en México, se trata de un trabajo titulado “400 años de historia de Saltillo”.
Es raro, pero el recinto suele ser visitado más que por los lugareños por los turistas, quienes buscan conocer más de acerca la historia de Saltillo.
De acuerdo con la maestra Recio, hice yo una pequeña aportación al documento que dio a conocer en el Archivo Municipal, al referirse a la cárcel pública de la ciudad en la calle de Aldama y Bravo, donde inicialmente fueron las caballerizas de la familia Sánchez Navarro y que con el correr del tiempo sirvieron para un seminario diocesano, la Comandancia de Policía y una biblioteca en homenaje a doña Elsa, esposa del gobernador José de las Fuentes Rodríguez. Ahora el viejo inmueble ha sido ampliado y modernizado hasta acá.
El antiguo edificio de la Comandancia de Policía de Bravo y Aldama daba cabida además a la primera Agencia del Ministerio Público y a los separos para reos del fuero común, y aunque no fueran del fuero común, unos inmundos e insalubres separos también denominados “cuartitos”, donde se registraron eventos sangrientos en que perdieron la vida varios saltillenses con carta de presuntos delincuentes, que los de mi generación recuerdan muy bien.
El relato de Conchita Recio adjudicable a mí, es el de la peluquería que ahí operaba Evaristo Banda, “El Chacuis”, sargento de la corporación, quien atendía exclusivamente a los policías. Además en época no muy lejana, la cárcel pública municipal tenía un modesto restaurancito (una fonda chiquita), atendida por doña Domitila, mamá de Nohemí Alvizo, que luego sería regidora del Ayuntamiento de Saltillo.
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