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‘La lucha entre el recuerdo e imaginación, es la literatura’

  Por Christian García

Publicado el jueves, 4 de mayo del 2023 a las 04:00


Presenta hoy Emiliano Monge su segundo libro en el que mezcla la autobiografía con la ficción en la Feria Internacional del Libro

Saltillo, Coah.- Para comprender que la literatura de Emiliano Monge es una de las más potentes de las letras mexicanas actuales basta con leer uno solo de sus libros, pero para entender su capacidad proteica es necesario acercarse a su bibliografía que, título tras título, se transforma como la memoria individual y colectiva que formulan el mundo. En ese espacio Monge se desenvuelve y maquina historias en las que la realidad y la ficción se cruzan de formas desmesuradas.

Pues para él la “lucha constante entre los territorios del recuerdo y la imaginación es, me parece, el territorio de la literatura”. Un espacio que puede caminarse especialmente en dos de sus libros: No Contar Todo (Penguin Random House, 2018), y ahora Justo Antes del Final, libro que se presentará hoy en la Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC).

En estos, juega con la idea de una memoria ficcionalizada, una autoficción profunda en la que Monge recupera, en el primero, la vida de su padre y su abuelo, mientras que en este segundo hace lo mismo pero con la figura de su madre… o un personaje que es su madre, porque en sus libros no todo es lo que parece, y los caminos que creíamos seguros y asidos a la realidad se convierten en laberintos de mentiras. Si en No Contar Todo, el personaje que lleva su mismo nombre “está haciendo una exploración personal y de los otros, de violencias y machismos” en Justo Antes del Final le da la vuelta y apuesta por mirar el mundo femenino, un vistazo entre los velos de la sique de una mujer, “un alumbramiento que tienen que ver con otras cosas, el cuidado de sí mismo y de los otros, lo que abre espacios como el de la ternura, o preguntarse y ver qué fue lo que rompió con la violencia”, como explicó a Zócalo en entrevista.

Así, este libro cuenta la historia de un hijo que entrevista a su madre, le pregunta por su vida y bucea en los recuerdos que ella le cuenta, pero también en los de sus tíos y en los de todo el mundo; un dédalo de rumores, de memorias, de verdades dichas a medias, y secretos bien callados. Lo que convierte tanto a su madre como a su mundo, en seres tridimensionales construidos por sí mismos pero también por los otros.

Realidad poliédrica

A lo largo de más de 60 años en el que cada año es un capítulo y también un recuerdo –la historia inicia en 1947, con el nacimiento de la madre–, Monge cimienta una novela que se lee en distintos niveles: el personal, el familiar, el del mundo cercano y el mundo de la gran Historia, en el que, a diferencia de la idea general, no es esta la que afecta a la vida que se cuenta, sino al revés, esa mujer es la que trastoca su realidad con su sola presencia y la voluntad de su paso por el mundo.

Según explicó el autor “de algún modo la novela es una esfera dentro de una esfera, donde la primera es la intimidad, luego sigue una primera membrana que sería el mundo inmediato de esa intimidad, que es la familia; después sigue el mundo inmediato a esa familia, y al final hay un alejamiento o distanciamiento que es el del mundo, por eso siempre está narrado desde la voz de la madre, luego la de alguien más y luego los sucesos del mundo”.

La verosimilitud de estos niveles de realidad se concretan, de forma paradójica, por las contradicciones que hay entre uno y otro recuerdo ya sea de la voz de la madre o de los tíos que aportan, también, las versiones de su propia realidad, pues hay, también “una construcción con las voces y su contrapunto. Esos recuerdos muchas veces están en contraposición, porque de algún modo es como se envuelven y desenvuelven los recuerdos: lo que fue para uno, no necesariamente fue así para los demás; y no son solo los que vivieron el asunto o la situación, sino también el testigo mudo que fue el entorno en el que vivimos, el planeta.

“ Sin embargo estamos muy acostumbrados a decir que una vida puede ser marcada por el mundo, y se nos olvida decir que el mundo también puede ser marcado por una vida, porque esos vasos comunicantes van por los dos sentidos”, comentó el también autor de La Superficie más Honda.

Deformar el mundo

La forma en que está construido Justo Antes del Final, puede asemejarse a “un teléfono descompuesto que le da a un acontecimiento una deformación hacia lo que se necesita que sea”, que en este caso es una línea delgada entre un recuerdo, veraz y concreto, a una imaginación, ficticia y voluble, que vistos a la distancia son lo mismo.

Para Monge “eso pasa por las fronteras móviles que hay entre la imaginación y la memoria: ese alejarse del acontecimiento y de reescribirlo es posible porque el territorio del recuerdo va siendo invadido por el de la imaginación, le va comiendo territorio; cada vez que reelaboramos lo hacemos desde la imaginación. Que es lo mismo que sucede cuando imaginamos por primera vez algo, el germen de un escrito, por ejemplo, una explosión imaginativa es también un momento que puede deformarse. Así cuando volvemos a él ya no es lo que imaginamos, sino que es un recuerdo, y ahí el territorio de la imaginación es invadido por el del recuerdo. Esa lucha constante entre estos territorios es lo que, me parece a mí, el territorio de la literatura” de donde nació esta novela, porque como detalló el autor “lo primero que hacemos, desde chicos, es tratar de deformar la realidad, de engañarla, de rasgarla. Las primeras mentiras no son contra alguien en específico, son contra el mundo, para mostrarnos que podemos hacerla distinta”, cambiarla también con el amor y la ternura.

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