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La mega sequía y las operadoras de agua en la región

Por Federico Muller

Hace 4 años

El próximo mes de marzo se conmemorará el Día Mundial del Agua, y no hay razones que nos inviten a pasar por alto o desapercibida esa fecha. Por el contrario, es pertinente decir que el norte de México atraviesa por una severa sequía que se extiende por varios años; y según los expertos en hidráulica, es una de las más graves en la historia de la humanidad, además, la ruta geográfica de la falta de lluvias incluye a los estados del oeste de la Unión Americana, entre ellos, California.

La mega sequía. La ausencia prolongada de ese vital líquido tiene relación con el cambio climático, que se manifiesta de diferentes maneras, una de ellas es el incremento de la temperatura ambiental. Mientras el Gobierno mexicano para paliar los efectos de la sequía, utilizará el yoduro de plata en el “bombardeo de nubes” que aparezcan en las áreas áridas y semiáridas del sector rural. Esa técnica de inducción de lluvia ha tenido un relativo éxito en años pasados. De ahí que la Secretaría de Agricultura, en coordinación con la Sedena, la vuelva a repetir en 2022.

Agua y Drenaje de Monterrey. En la región noreste del país, los estragos del estiaje ya se han visto en los principales centros urbanos; por ejemplo, las presas (trasvases) que abastecen a la zona metropolitana de Monterrey (ZMM), se encuentran a menos del 50% de su capacidad de almacenamiento. Han iniciado los cortes y racionamientos de agua en las viviendas. La escasez de agua ha llevado al Gobierno de Nuevo León a buscar fuentes alternas de suministro. Se contempla la probable perforación de pozos en el corto plazo. Según el censo de población 2020, la ZMM se conforma de una población de 5.34 millones de habitantes; y solo los regios consumían 15 mil 800 litros por segundo en 2021 (fuente: Agua y Drenaje de Monterrey). Un consumo que se considera elevado en relación a otras ciudades, demográficamente parecidas del país, aunque con menor dinamismo industrial.

En la capital regia se está presentando una sobredemanda de tinacos para instalarlos en muchas viviendas de colonias de reciente creación.

Aguas de Saltillo. En Saltillo, a diferencia de Monterey y de otras muchas urbes, el agua potable está a cargo de una compañía paramunicipal, la parte operativa la maneja una empresa especializada en el ramo de procedencia extranjera, cuya concesión iniciaba en 2001, y finiquitaría 25 años después. Aunque el Ejecutivo federal en turno ha desacreditado tal contrato, y una asociación de usuarios de la ciudad ha sido critica a la “privatización” de ese vital servicio. Llama la atención, que hasta en Cuba, en el período del “fidelismo” y después de la caída del muro de Berlín, se contratara a una empresa privada española para regular el consumo de agua en La Habana. Dejando fuera los argumentos ideológicos, políticos y culturales, desde la perspectiva meramente pragmática.

Los sondeos de opinión, sujetos al rigor científico, realizados hace algún tiempo por la Facultad de Economía de la UAdeC, sustentados en muestras estadísticas, que contemplaban fraccionamientos o colonias de estrato popular, medio y residencial, todos los estudios mostraban que la ciudadanía evaluaba positivamente el servicio. Desde luego que tal calificación no exime al Municipio de dejar toda la responsabilidad del suministro hidráulico a la empresa privada, y mucho menos ahora, en que las condiciones climáticas están cambiando, estiaje inducido por la mano del hombre.

Es obvio, al menos para la masa pensante de la región, que la formulación de políticas hídricas a mediano y largo plazo debe emanar de las dependencias públicas, que lamentablemente han sido las grandes ausentes en los planes de trabajo de los presidentes municipales. Es riesgoso y hasta irresponsable depender del llamado “tinaco de la cuidad”: la sierra de Zapalinamé, como proveedor, casi exclusivo, de agua para Saltillo. Es menester, con carácter de urgente, financiar proyectos de fuentes alternas de abastecimiento, desde trasvases hasta parques hundidos. Antes que el desabasto vuelva a ser la constante que imperaba en el siglo pasado, en la melancólica época de los “aguadores”, quienes con sendos botes de lámina echados sobre sus hombros, nutrían a los hogares asentados en los populares barrios de la capital de Coahuila.

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