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Agencias
Publicado el domingo, 20 de diciembre del 2009 a las 16:00
México, DF.- Poco antes de las 3 de la tarde del miércoles 16 se preparaba una comida en el departamento 201 de una de las cinco torres del complejo residencial Altitude, ubicado en la colonia Lomas de La Selva, en Cuernavaca, Morelos, que habitaba Marcos Arturo Beltrán Leyva.
Lo acompañaban cinco de sus hombres de mayor confianza, entre ellos Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, su jefe de sicarios.
Cabeza de su propia célula criminal desde 2008, Beltrán Leyva recibía en su búnker del edificio Elbus constantes reportes de los gatilleros que conformaban los tres cinturones de seguridad que, como ya era costumbre, vigilaban tanto el condominio como los movimientos en las calles.
Según el testimonio que rindió en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) una de las cinco personas detenidas durante el operativo en el fraccionamiento Altitude, y quien es cocinero, el capo ya había sido informado de algunos movimientos extraños a las afueras de su lujoso departamento, pero “confió en que su gente tenía todo controlado y que nada ocurriría”.
Mientras tanto, “El Barbas”, como le apodaban al narcotraficante sinaloense, dialogaba con Valdez Villarreal y otros miembros de su séquito. Afinaban detalles para recibir a un invitado especial con quien supuestamente Beltrán había acordado comer: el general Leopoldo Díaz Pérez, jefe de la Zona Militar 24, con sede en la capital morelense.
Por las declaraciones de otros indiciados –cuyos nombres se reservó la SIEDO y quienes fueron capturados el 11 de diciembre cuando participaban en una preposada de narcos en Tepoztlán, Morelos, a la que según reportes recibidos por la Secretaría de Marina asistiría “El Barbas”–, se sabe que a ese encuentro también estaban invitados un capitán y un mayor del Ejército adscritos a la misma zona militar. Sus nombres tampoco han sido revelados.
El testimonio de quien es identificado como “el cocinero” no precisa qué hizo Valdez Villarreal el día del operativo desplegado el miércoles 16: si huyó al percatarse de la irrupción de los marinos o si decidió irse antes de que iniciara la balacera; en cambio, sostiene la versión de que “La Barbie” pudo ser el traidor que aportó la información sobre la ubicación exacta de Arturo Beltrán Leyva.
REDES FAMILIARES Y POLICIACAS
La célula del narcotráfico integrada por los hermanos Marcos Arturo, Héctor, Mario, Carlos y Alfredo Beltrán Leyva es una de las más viejas en el negocio de las drogas: emergió a la luz pública entre mediados de los 80 y comienzos de los 90, cuando Amado Carrillo Fuentes se convirtió en el jefe del cártel de Juárez tras el asesinato de Rafael Aguilar Guajardo, crimen que se le atribuyó a Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.
Los Beltrán Leyva desplegaron todo su poder económico y armado en el país. Disponían desde entonces de un respaldo policiaco tan fuerte que, en el año 2007, José Luis Santiago Vasconcelos, quien fungía como subprocurador de Asuntos Jurídicos e Internacionales de la PGR, reconoció que un grupo de sicarios bajo el mando de los Beltrán planeó ejecutarlo.
Originarios de Sinaloa –donde se formó la mayor escuela del narco en la historia del crimen organizado de México–, los Beltrán Leyva se mantuvieron durante varios años como un ala importante del cártel de Juárez, pero tras la muerte de Amado Carrillo decidieron operar por su cuenta, aunque por aquellos años ya mantenían nexos con Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien a la postre se convirtió en su jefe.
Tras la fuga de “El Chapo” del penal de Puente Grande, el 19 de enero de 2001, los Beltrán Leyva se asociaron con él. Había más de una razón para que el jefe del cártel de Sinaloa los acogiera: ellos lo arroparon después de que se peleó con Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo más audaz de la historia reciente de México y de quien Guzmán fue lugarteniente.
Este dato salió a flote luego de que la PGR detuvo e introdujo en su programa de testigos protegidos a Marcelo Peña, cuñado de Guzmán Loera y cuya clave como testigo es “Julio”. Este personaje relató, entre otras historias, que los Beltrán iniciaron al “Chapo” en el negocio de las drogas.
Además, durante la reclusión de Joaquín Guzmán, tanto en el penal de Almoloya de Juárez (hoy Altiplano) como en Puente Grande, los Beltrán se hicieron cargo de suministrarle dinero y todo lo que necesitaba el capo sinaloense para vivir cómodamente en aquella prisión de máxima seguridad, irónicamente conocida como “puerta grande”.
Tras la fuga del “Chapo”, los hermanos Beltrán se reposicionaron en el negocio del tráfico de drogas: durante el sexenio de Vicente Fox alcanzaron tanto poder que lograron dominar 11 estados de la República, aunque sus principales feudos fueron Sinaloa y Guerrero. Posteriormente se afincaron en Morelos.
Según documentos de la PGR, los Beltrán dirigen operaciones de transporte de droga, lavado de dinero, compra de protección y reclutamiento de sicarios.
De lo anterior da cuenta la averiguación PGR/UEIDCS/021/2005, así como las causas penales 82/2001 y 125/2001, las cuales establecen que Marco Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas”; Héctor Alfredo, “El H”; Mario Alberto, “El General”, y Carlos, consiguieron quedar impunes durante largos periodos gracias a la protección de policías, militares y funcionarios de primer nivel del gobierno de Vicente Fox.
Con base en esos acuerdos, crecieron en forma fulgurante como empresarios del narco, lo que le permitió a su socio, “El Chapo”, convertirse en el capo más poderoso de los últimos nueve años.
Tanto los informes de la Secretaría de Seguridad Pública como los expedientes citados indican que el radio de acción de este clan abarca al Distrito Federal desde hace una década por lo menos. Otros territorios bajo su dominio son el Estado de México, Sonora, Guerrero, Chiapas, Querétaro, Sinaloa, Jalisco, Quintana Roo, Tamaulipas y Nuevo León.
Los mismos informes señalan que, además de sus actividades de narcotráfico, los Beltrán son dueños de un equipo de futbol de salón en Culiacán, Sinaloa; tienen residencias de lujo en Acapulco, así como casas de descanso y de seguridad –para sus negociaciones y acuerdos con políticos– en Valle de Bravo, Estado de México.
De acuerdo con un organigrama de grupos criminales elaborado por la PGR, el líder de la banda era “El Barbas”, Marcos Arturo Beltrán Leyva. Ninguno de los cinco hermanos había estado en prisión. Se habían mantenido impunes hasta que un grupo especial del Ejército detuvo, el 21 de enero de 2008, a Alfredo Beltrán en una zona residencial de la capital sinaloense.
Sobre la captura de Alfredo Beltrán, que se consideró un golpe inusual contra el cártel de Sinaloa, surgieron al menos dos versiones: que los Beltrán habrían roto con “El Chapo” por diferencias en los negocios y que los efectos de esa ruptura alcanzaron a la SSP, encabezada por Genaro García Luna, quien ha sido señalado públicamente y en la indagatoria arriba citada como presunto protector de los hermanos Beltrán.
Los miembros del cártel de Sinaloa –el más sólido, por lo menos antes de la captura de Alfredo Beltrán– no sólo están asociados en el negocio del narcotráfico: también existen líneas de parentesco. El 27 de junio de 2001 el testigo “Julio” declaró ante la PGR:
“Arturo Beltrán Leyva es primo lejano de “El Chapo”, a quien inició en el negocio de la cocaína, ya que me lo dijo Beltrán una vez que fui a pedir dinero por parte del “Chapo” a la ciudad de Querétaro (otro de los refugios de los Beltrán); esto fue por 1995 ó 1996.”
Agregó en su testimonio: “Sé que esta persona (Arturo Beltrán) es muy ostentosa y que tiene una casa en Acapulco, porque “El Chapo” me mandó una vez a visitarlo, citándome en una casa que tiene en el fraccionamiento Las Brisas”.
Y de acuerdo con el testimonio de Albino Quintero ante la PGR, otro socio de los Beltrán, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, también está ligado familiarmente con ellos: en la causa penal 26/2006, Quintero cuenta: “Respecto a Juan José Esparragoza Moreno, lo conocí en Querétaro en una casa propiedad de mi compadre Arturo Beltrán Leyva”.
También dice que un familiar de Esparragoza está casado con una sobrina de Arturo Beltrán.
El poder que alcanzó Arturo Beltrán en el narcotráfico le permitió asesinar, corromper y hasta someter a altos miembros del gabinete federal. Se le atribuye el asesinato de Édgar Millán, jefe de la Policía Federal asesinado en 2008; también el de Igor Labastida, otro policía relacionado con el titular de la SSP, Genaro García Luna.
Según una carta firmada por policías federales inconformes por la desaparición de la AFI, enviada el 19 de octubre de 2008 a la Comisión de Seguridad Pública de la Cámara de Diputados, el secretario Genaro García Luna y su escolta fueron interceptados en la carretera Cuernavaca-Tepoztlán por un alto capo de las drogas que se acompañaba de un indeterminado número de pistoleros o sicarios en 10 vehículos Suburban blindados.
Según la misiva, los escoltas de García Luna fueron despojados de sus armas y permanecieron con los ojos vendados durante alrededor de cuatro horas. La carta señala, además, que una voz, presuntamente del capo, le dijo a García Luna:
“Éste es el primero y último aviso para que sepas que sí podemos llegar a ti si no cumples con lo pactado”.
Ese capo era, presuntamente, el hoy extinto Arturo Beltrán Leyva.
ARTURO BELTRÁN ¿TRAICIONADO?
» Según el testimonio de un cocinero del “Jefe de Jefes”, éste ya había sido informado el pasado miércoles 16 de movimientos extraños a las afueras de su lujoso departamento en Cuernavaca.
COMIDA
» Mientras tanto, Édgar Valdez Vilarreal, “La Barbie”, su jefe de sicarios, preparaba la llegada del general Leopoldo Díaz Pérez, jefe de la Zona Militar 24, con sede en Cuernavaca, para comer.
INVITADOS
» A ese encuentro también asistirían un capitán y un mayor del Ejército adscritos a la misma zona militar, pero sus nombres no fueron revelados.
TRAIDOR
» El mismo testigo sostiene que “La Barbie” pudo haber aportado la información sobre la ubicación exacta de Arturo Beltrán Leyva.
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