“Ya no hay nada que hacer, yo sé que a mi hijo lo van a crucificar y va a morir en la Cruz”, detalló en entrevista María, la Madre de Dios, minutos antes de ver morir a su hijo.
El día llegó, los sentimientos encontrados inundaron el corazón del centenar de actores que este año escenificaron uno de los momentos claves para la grey católica, el camino a la cruz de Jesucristo en el barrio antiguo del Ojo de Agua, en Saltillo.
Con el sentimiento a flor de piel, y ya entrados en el papel, los más de 100 actores en escena afinaron los últimos detalles en el Aula Magna, horas antes de dar inicio con la tradicional representación de la Pasión y Muerte del Nazareno en su edición número 46.
Uno de los soldados romanos entrevistados previo al calvario de Jesús, detalló que “habrá un juicio a un tal Jesús que dice que es el mesías, depende lo que nos diga nuestro gobernador (Poncio Pilatos) es con lo que vamos a proceder, pero posiblemente va para crucifixión”
Pasado el mediodía, el cielo nublado cumplió su amenaza de dejar caer una intensa, aunque breve lluvia, pues a pesar de los elevados pronósticos de precipitaciones a lo largo del día, dio tregua y minutos antes de que se diera la “tercera llamada” en el atrio de la parroquia, el agua calmó.
Mientras Jesús era sometido a juicio y castigado por una corte romana, la concurrencia soportaba los latigazos del viento fresco que pegó y que se mantuvo impasible durante toda la jornada.
Aunque por fuera el grito de “crucifíquenlo” resonaba fuerte, por dentro el corazón de quienes representaron “el pueblo” se achicaba en cada palabra que exigía la muerte del Rey de los Judíos.
Las estaciones avanzaron ante la mirada asombrada de chicos y grandes que susurraban entre ellos “le están pegando de verdad”, dibujando un semblante de tristeza y asombro en el rostro de quienes presenciaron el peregrinar de Cristo desde sus balcones, sobre los vehículos o en las banquetas.
Los cánticos de los fieles creyentes resonaron por todo el barrio, en las calles fluyó el fervor católico que vive su máxima expresión de amor; la muerte de Cristo, misma que congregó en las estrechas calles del barrio antiguo del Ojo de Agua a miles de almas de distintas edades.
A pesar del aire fresco, los paraguas y rompe vientos sirvieron de aliados para no claudicar durante el desarrollo de las 14 estaciones, al mismo tiempo que las plegarias de los peregrinos hicieron eco en el trayecto.
El dolor, las heridas y el cansancio se hizo soportable durante el recorrido, porque al final del día se trata de un ofrecimiento a Dios por los pecados cometidos, pues para muchos fieles el viacrucis significa un tránsito espiritual; un nuevo comienzo.
Tras varios kilómetros recorridos y bajo un cielo grisáceo, el esfuerzo y dedicación de los más de 200 participantes entre staff y actores, todos bajo la dirección escénica de Ricardo Orta Jaques, culminó con la crucifixión del Mesías en la plaza México, que por algunos minutos se convirtió en el Gólgota, donde Jesús expiró.
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