Nacional
Por Federico Muller
Hace 6 meses
Desde 2025, el Patronato de Arte y Cultura de Coahuila (Parteco) es el responsable de la administración del Teatro de la Ciudad Fernando Soler de Saltillo. Su presidente, José Rodolfo Arizpe Sada, concedió una entrevista telefónica a esta columna para explicar el nuevo modelo de sostenimiento del emblemático recinto. En ella, Arizpe Sada detalló los factores que influyen en la programación, el esquema financiero mixto que busca la viabilidad del teatro y la visión de colaboración entre sectores para fortalecer la oferta cultural en la ciudad.
Más allá de la calidad artística, ¿qué factores no visibles al público influyen realmente en decidir qué espectáculos llegan al Teatro de la Ciudad Fernando Soler?
“Más allá de la propuesta artística, intervienen factores logísticos y de planeación que no siempre son visibles para el público. Por ejemplo, la viabilidad de las giras, la coordinación con otros recintos del norte del país, la disponibilidad de fechas y, por supuesto, el análisis de mercado de cada promotor. Saltillo es una plaza con gran potencial cultural, pero también requiere una planeación muy cuidadosa por parte de los empresarios para asegurar la sostenibilidad de cada proyecto”.
-¿Cuál es el modelo real de sostenimiento del teatro: qué porcentaje depende de subsidios, renta del espacio y taquilla? ¿Y qué tan viable es financieramente sin apoyo público?
“El modelo es mixto y busca equilibrio. Aproximadamente, una parte importante proviene de la renta del espacio, mientras que el resto se complementa con aportaciones, alianzas y participación de la Iniciativa Privada. Es importante destacar que no se trata sólo de porcentajes, sino de una administración responsable que permita reinvertir en el propio recinto, mejorar la experiencia del público y seguir atrayendo eventos de calidad. El acompañamiento de distintos sectores -público, privado y social- es clave para garantizar la viabilidad a largo plazo”.
-¿Ha enfrentado desacuerdos o resistencias -de artistas, Gobierno o patronato- que hayan frenado proyectos importantes?
“Como en cualquier ecosistema cultural, siempre existen distintos puntos de vista, pero en nuestro caso han prevalecido el diálogo y la colaboración. El patronato tiene muy claro su propósito: sumar esfuerzos con artistas, autoridades y sociedad para fortalecer la oferta cultural. Gracias a esa visión compartida, hemos logrado avanzar sin que las diferencias se conviertan en obstáculos”.
-¿Existe una tensión entre programar eventos ‘de prestigio’ y espectáculos más accesibles o comerciales para el público local?
“Más que una tensión, lo vemos como un equilibrio necesario. La diversidad en la programación permite atender distintos públicos y fortalecer la vida cultural de la ciudad. Los eventos de prestigio enriquecen la oferta artística, mientras que los espectáculos más accesibles amplían el alcance y la participación del público. Ambos son complementarios y fundamentales para un ecosistema cultural sano”.
-Si pudiera cambiar una sola cosa del modelo cultural en Saltillo, sin restricciones políticas o presupuestales, ¿qué transformaría primero?
“Impulsar una mayor cultura de valoración del arte. Es importante avanzar hacia un modelo donde el público reconozca el valor del trabajo artístico y cultural, lo cual fortalece la sostenibilidad del sector y genera más oportunidades para los creadores. Esto no excluye los eventos accesibles o gratuitos, sino que busca un equilibrio que beneficie tanto a la comunidad como a quienes hacen posible la oferta cultural”.
¿Por qué este cambio de modelo ocurre precisamente ahora y en esta forma?
Para entender las causas profundas que originaron la cesión de la administración del Teatro de la Ciudad Fernando Soler a un patronato privado, resulta útil recurrir al marco del determinismo histórico propuesto por el filósofo e historiador francés Hippolyte Taine. Según Taine: “Todo fenómeno social o cultural es el resultado necesario de tres factores fundamentales: la raza (la herencia colectiva que se transmite de generación en generación), el medio (el entorno físico, económico y social) y el momento (la coyuntura histórica acumulada)”. En la siguiente parte de este análisis se aplicarán estas tres causas al caso concreto del Teatro Fernando Soler, no como juicio de valor, sino como herramienta para comprender las fuerzas históricas que hacen que ciertos cambios parezcan casi inevitables.
Referencia inmediata y herencia colectiva
No es común que los teatros públicos del país sean administrados directamente por organizaciones civiles, patronatos o grupos de la Iniciativa Privada. Sin embargo, algunos de los escenarios más emblemáticos de las artes y la recreación en México -como el Teatro Ángela Peralta de Mazatlán, el Teatro Principal de Puebla y el Teatro Isauro Martínez de Torreón- han dejado en manos de la Iniciativa Privada la programación y el financiamiento de su cartelera. Este “maridaje” entre lo público y lo no gubernamental ha funcionado de manera aceptable en el Teatro Isauro Martínez. Desde 1982, un patronato integrado por sectores de la sociedad civil y la iniciativa privada colabora en el mantenimiento, la restauración y la proyección cultural del recinto, con aportaciones complementarias de los tres niveles de gobierno.
Es probable que este modelo haya servido de referencia inmediata para el caso saltillense: si ha operado con resultados positivos en Torreón, ¿por qué no replicarlo en Saltillo? Ni siquiera en la imaginación del actor más noble y entregado a su causa de la Asociación Coahuilense de Teatristas ha pasado la escena de que las juventudes saltillenses -independientemente de su filiación política o credo religioso, y solidarias con los trabajadores de las factorías automotrices- organicen mítines y marchas en las principales vías de la ciudad protestando porque los eventos culturales se vuelven elitistas y accesibles sólo para la clase media y de holgura económica. “Esta referencia inmediata no surge de la nada. Responde a una herencia colectiva que se transmite de generación en generación en el norte de México: la costumbre arraigada de resolver problemas prácticos -como el sostenimiento de infraestructura cultural- mediante acuerdos locales entre autoridades, empresarios y ciudadanos, en lugar de depender exclusivamente del aparato estatal”.
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