Para Andrea, Mathieu, Georgina, Elías, Zorayda, Claudia.
¿Por qué nos importaría a usted, a mí, que personas y empresas pongan su dinero en paraísos fiscales? ¿Por qué es vital entender la diferencia entre poner su dinero, esconderlo o no pagar impuestos? ¿Cómo se construye una investigación del tamaño de Pandora Papers?
Hace seis años, dos periodistas alemanes recibieron una filtración de 11.5 millones de documentos. Eran, principalmente, correos del servidor de Mossack Fonseca, despacho panameño que albergaba los negocios, y secretos, de miles de ricos del mundo. El trabajo era encontrar quiénes eran esos clientes y para qué usaban el despacho. Los dos periodistas no podían solos, así que el Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ) convocó a un enjambre de reporteros para ayudarlos.
La minería de datos, como la tradicional, implica una labor paciente, a veces muy tediosa, para separar lo que no sirve de lo que es valioso. En un solo caso uno puede pasar semanas leyendo correos inocuos hasta encontrar uno cuyo asunto es “Memo 1” y tiene un adjunto “Scanner Pro 1-22”, con algún documento que pruebe una transacción fraudulenta, que sirvió para esconder la fortuna de un político o el negocio turbio de una empresa. A veces estos correos permiten seguir una pista hasta el otro lado del mundo, a una corporación dueña de otra, a su vez de otra, que movió un dinero u ocultó un delito.
Después de aquel trabajo, en 2016, se publicó Panama Papers. Desde entonces, las oficinas fiscales han recuperado mil 360 millones de dólares de impuestos en el mundo.
En 2020, un equipo de periodistas en México comenzó a escarbar en una nueva base, de 11.9 millones de documentos filtrados. La minería no fue menos complicada. Primero, los reporteros buscaron en los millones de registros y armaron una base de datos de más de 3 mil personas relevantes para el interés público. Semanas después, cuando ya me había integrado al proyecto como parte del equipo de Univision, indagamos en una segunda lista de los 60 personajes más relevantes entre aquellos 3 mil.
Pasamos las siguientes semanas revisando cada documento sobre esos personajes que nos habíamos repartido entre los seis reporteros que trabajábamos en la parte mexicana de la historia, con nuestros equipos en cada medio. Esa es una de las joyas del periodismo colaborativo.
Una labora con la responsabilidad de lo que investiga, sabiendo que los colegas lo usarán también para sus historias. Algunos de los brillantes periodistas que participaron desde México en Pandora Papers pasaron muchas horas ayudando a otros fuera del país, cuyas historias en algún punto conectaban con nuestros hallazgos.
Con esta segunda indagatoria hicimos reportes de investigación, que sirvieron de insumo a 600 periodistas en el mundo para conocer nuestros principales hallazgos y consultar los documentos más relevantes en cada caso.
Terminamos esta parte a unos meses de publicar. Luego vino el reporteo. Buscamos datos públicos, hicimos solicitudes de información, entrevistas, peticiones al registro público y visitamos los lugares que habíamos descubierto en los documentos.
La última parte incluía confrontar a los implicados con los hallazgos. Este también es un trabajo colaborativo. No se ve en las historias, porque todos compartimos firmas, pero también nos dividíamos para elaborar cuestionarios, conseguir teléfonos, correos, procesar respuestas. Detrás estaba el trabajo de los jefes de nuestros equipos, los editores de texto y video, los periodistas en datos y visualizaciones, los fotógrafos y camarógrafos.
Hace una semana se publicó Pandora Papers. Sus efectos ya incluyen la apertura de investigaciones y el debate, muy vivo, sobre cuánto debe pagarse en impuestos y cómo combatir la secrecía en los movimientos de capitales.
Para México, las autoridades fiscales ahora verán cuántos de quienes movieron mil 270 millones de dólares a sociedades en el extranjero no lo habían reportado al SAT y les pedirán que paguen los impuestos que deben sobre ellas. Detrás de estos logros está un grupo de mineros que revisó papel por papel, correo por correo. No podríamos lograrlo si no lo hiciéramos juntos.
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