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Coahuila

La pandemia sigue

Por Cholyn Garza

Hace 2 meses

Cuando nos preparábamos para despedir un año más, el 2019, nunca imaginamos lo que el 2020 nos depararía.  Planes, proyectos, buenos deseos, propósitos que deseábamos se cumplirían o bien, íbamos a poder realizar, se encontraban entre nuestro paquete de anhelos.

¿Quién no hizo planes para un futuro? Planes a corto, mediano o largo plazo, para el caso es lo mismo porque “algo” se vendría a interponer entre los deseos y una realidad para la que no estábamos preparados.  Y no lo estábamos por una razón: Ni siquiera cruzó por nuestra mente que un virus amenazaría a la humanidad.

No sólo sería una amenaza en cuanto a contagios, sino lo que conlleva.  Muy pronto ese virus, del cual está pendiente la explicación de qué fue lo que realmente sucedió, para qué se creó, con qué propósito, fue accidente o intencional.  

Lo que haya sido, el virus llamado SARS-CoV-2 muy pronto se convirtió en pandemia, aún está entre nosotros y por lo que se observa, permanecerá por mucho tiempo más siendo una amenaza para la salud.

Se empezó a hablar de confinamiento, de quedarse en casa para no ser contagiados.  Se han dicho tantas cosas que ya no sabemos qué o a quien creerle ya que gobernantes populistas no creían en el virus y mostraron su verdadero rostro ante sus gobernados, asumiendo posturas absurdas como falta de empatía hacia su pueblo, soberbia al hacer bromas al creerse un “súper héroe” de caricatura, en vez de prepararse para lo que se veía venir.

Por el contrario, se fueron empleando los recursos que ya existían en proyectos inútiles que a pocos convencían como ha sido en el caso de México.

No sólo se fueron dando señales de lo que dejaría de ser un virus cualquiera, para convertirse en una amenaza mundial, una pandemia con pronóstico de grandes dimensiones como ya estamos observando.

El 2020 fue un año muy difícil; un tiempo de pérdidas en muchos aspectos.  La salud al verse afectada trae consecuencias personales, laborales, familiares.  Afecta en todo y eso fue lo que pasó con la llegada de la Pandemia que nos dejó un amargo sabor de boca.

Conocimos muchísimas historias durante la pandemia y aún así, hubo personas que no creían en el virus, decían que no existía o que tomando cloro o quizás otras sustancias -que no estaban aprobadas por la ciencia- se aliviaba la persona ante el contagio.

Cuántos absurdos se escucharon y se siguen escuchando. 

La realidad nos muestra que el virus sí existe.  Lo que no nos queda claro es qué fue lo que pasó realmente, si fue accidental o intencional su propagación.

Independientemente de lo que haya sido -que por supuesto está pendiente la explicación- la realidad nos ha mostrado el rostro del dolor, del sufrimiento, del abandono en muchos casos.

Nos mostró también la falta de empatía del gobierno y su incapacidad para hacer frente a una crisis de esa
naturaleza.  

Vimos quién es quién en el momento de atender la enfermedad en centros hospitalarios.  Unos, trabajando a marchas forzadas hasta quedar exhaustos, mientras funcionarios miraban a otro lado como si la crisis no existiera.  Siempre dando datos que sólo ellos entienden, porque su información, no corresponde a la realidad.

La pandemia de Covid-19 está aún ahí porque el virus no se ha ido.  Expertos en salud, epidemiólogos, científicos, lo han dicho.  Y hay quien opina que debemos aprender a vivir con él.  Eso no quiere decir que debemos relajar los cuidados, por el contrario, sí seguir con los protocolos establecidos utilizando el cubrebocas, higiene personal como el lavado de manos y uso de gel así como desinfectar los espacios.

Si en principio se creyó que sólo los adultos se contagiarían y que los viejos podrían morir, el tiempo transcurrido ha ido demostrando que no era una regla y que el virus no respeta edades ya que desafortunadamente la nueva variante del virus, llamada Delta, es considerada más peligrosa y está atacando a gente joven e incluso a niños.

Lo que se observa y es real, es que la pandemia sigue; por lo tanto, hay que redoblar esfuerzos y cuidados.  Aprovechemos la oportunidad de recibir la vacuna. Las actividades escolares, laborales o sociales deberán manejarse con cautela.  No nos expongamos innecesariamente al contagio ya que de las secuelas que pudieran existir, bien podrían ser a corto, mediano o largo plazo y no se sabe a ciencia cierta cómo serán.

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